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lunes, 22 de agosto de 2016

"Nuestra historia comienza hoy"


NUESTRA HISTORIA 
COMIENZA
HOY   







CAPITULO I 

Me encontraba totalmente concentrada en el crucigrama que estaba haciendo, llevaba como diez minutos intentado averiguar de qué palabra se trataba, era la palabra número 7 horizontal, “abandonada de suerte…” estaba tan absorta que no me enteré de que entró en la sala de descanso Laura.
 
−¿Ya estas con tus crucigramas? −Me dijo en tono irónico.
 
−Hola Laura, sí, lo cierto es que es lo único que últimamente
consigue mantener mi mente concentrada sin pensar
en nada.
 
−Pues ve desconectando que en diez minutos empezamos
a trabajar, te veo en la sala.
 
Laura era compañera mía de trabajo desde hace cinco años, ¡uff!, cinco años de monotonía en el mismo trabajo, siempre haciendo lo mismo. Yo llevaba desde los 20 años trabajando en esta empresa, vendíamos unas cremas que supuestamente eran la leche, evitaban la vejez, ¡ni el botox ni nada! Pruébelo, verá como no se arrepiente de la compra que ha realizado cuando vea su piel completamente tersa,brillante y sin una sola arruga. ¡Pobres incrédulas las mujeres que lo compraban! Porque lo cierto es que no hacían nada.
 
Recogí mi crucigrama, y cogí el café que tenía sobre la mesa ¡Mierda, ya se ha quedado frío! −Pensé− así que lo tiré directamente al cubo de basura que había al lado de la máquina expendedora y me dirigí a mi puesto de trabajo.
 
Nada más salir de la sala de descanso se podían escuchar los murmullos de mis compañeros hablando por teléfono, el retumbar de los dedos sobre las teclas de los ordenadores, ¡Uf que cansada estoy de todo esto! −pensaba− mientras saludaba a los compañeros que acaban de llegar a sus puestos.
 
Al llegar al mío, hecho un desastre como siempre, papeles por todos los lados, una anotación aquí, otra allá… en ese momento vi que tenía un café del cual salía humo todavía, me giré hacia Laura y me guiñó el ojo.
 
−Gracias Laura, me has salvado la vida −le dije sonriendo.
 
−¡Ay!, tienes que dejar los crucigramas o te volverás loca.
 
−De verdad es lo único que me ayuda −Respondí cabizbaja.
 
−Nuria hace tres meses que se marchó de casa, tienes que empezar a tomar las riendas de tu vida y avanzar, no todo era él −me contestó guiñándome el ojo de nuevo.
 
−Lo sé, pero después de diez años... ¡es complicado!

−Bueno, en la fiesta de esta noche se te quitaran todas las penas, y vamos a empezar que el Sr. García nos está fusilando con la mirada.
 
Levanté mi vista disimuladamente para cotillear, o eso creía, porque pude notar su mirada fulminante cruzándose con la mía, produciéndome un escalofrío. Juan García era nuestro jefe, un hombre de unos 60 años, con el pelo canoso y repeinado, nariz aguileña, se podía notar en su cara el cansancio y el estrés que producía este trabajo, y siempre estaba de mal humor, chillando las ventas que nos faltaban para cumplir el día, era como el lobo feroz amenazando a caperucita, aunque estoy segura que debajo de esa capa de ogro había un corazón, a pesar de que nunca nos lo demostraba.
 
Nada más cruzarse nuestras miradas, me senté como si me hubiera mirado una serpiente encantándome, y que por el hechizo no pudiera controlar mis movimientos.
 
−Bueno qué, si no lo compruebas no te quedas a gusto −me dijo Laura riéndose.
 
−Cómo me conoces –Respondí.
 
−Normal que te conozca, paso más tiempo aquí contigo que en mi casa −me dijo en un tono de resignación.
 
−Tienes toda la razón.
 
Lo cierto es que Laura siempre había sido todo positivismo, y es lo que me había motivado a aguantar estos cinco años en la empresa, si por mí hubiera sido me habría marchado a los dos días de entrar, bueno, ella y que tenía unasganas inmensas de poder irme a vivir con Sergio.
 
Sergio, había sido mi pareja durante diez años, era un friki informático, pero me tenía completamente loca, esos ojos azules que me daban calma, su cabello rubio ondulado, su sonrisa... Nos conocimos en el instituto con tan solo 15 años, era el único hombre que había conocido, y gracias al esfuerzo de los dos conseguimos vivir juntos hace poco más de cuatro años. Nuestra historia había sido muy bonita,o al menos yo lo había vivido así, hasta que hace tres meses se marchó de mi vida para siempre, de la noche a la mañana nuestra vida no le llenaba, cogió sus maletas, y está en la India, o al menos eso me dijo.
 
La mañana pasó rápido, aunque solamente conseguí una venta, mientras que mis compañeras llevaban las tres que nos pedían. Estábamos en el comedor sentadas, yo no paraba de mover con el tenedor las judías verdes que teníamos de primero, mientras las demás charlaban animadamente.
 
−Nuria, por mucho que las muevas no van a cambiar el aspecto asqueroso que tienen, así que empieza a comer que se nos echa el tiempo encima −me dijo Rosario− Yo creo que Rosario era la más veterana de todas nosotras, no creo que haya nadie más antigua que ella en la empresa, es una mujer mayor, de aspecto bonachón, a la que le gustaba recargarse de maquillaje, al menos para mi gusto, estaba divorciada y tenía dos hijos y cuatro nietos de
los que le encantaba hablar.
 
−Bueno, y hoy “Noche de chicas” −Interrumpió Laura en un tono jovial.

−Sí ¡que ganas tengo! −Respondió Luna, la más jovendel grupo.

−Nuria ¿tú no dices nada? −me recriminó Laura.

−Yuju ¡Fiesta! −Dije bastante irónica.

Todas me miraron como si me perdonaran la vida, pero no pronunciaron una sola palabra, cosa que agradecí bastante. Al poco rato estábamos otra vez en nuestro puesto de trabajo de nuevo cada una intentando convencer a alguna ama de casa que nos comprara la maravillosa crema.

Lo cierto es que el día pasó bastante rápido, cuando quise darme cuenta estaba en mi casa, dándome una ducha e inundando todo el baño del intenso vapor que producía el agua caliente, para arreglarme y acudir a la dichosa fiesta. Desde que Sergio se marchó no había salido, y eso que antes a pesar de vivir con él, más de una vez me escapaba con las chicas de fiesta, me gustaba distraerme y salir de la rutina, pero estos tres meses lo único que hacía era trabajar y hacer crucigramas.

 Después de la ducha me tumbé sobre mi cama con la toalla aún enroscada en mi cuerpo, y mi larga melena completamente húmeda, pensando qué ponerme. Siempre me habían gustado los tacones y los vestidos ajustados hasta la rodilla, estilo pin up, marcando curvas, aunque últimamente mi vestuario se reducía al chándal y vaqueros, me había dejado mucho, pero hoy tendría que hacer un esfuerzo para que Laura no me lo recriminara, sabía que había organizado esta salida por mí y no quería defraudarla, a pesar de que el ánimo no me acompañara. 


 CAPITULO II 

Pasé un rato de pelea conmigo misma porque no me decidía entre dos vestidos. Dudaba entre uno con un gran escote que resaltaba mi pecho y otro un poco más recatado. Aunque lo cierto es que cualquiera de los vestidos estilo pin up realzaban el pecho, cada uno en su
estilo, lo que los diferenciaba era que uno tenía la parte de abajo floreada y el otro en azul marino con volantes.

Finalmente me decidí por éste último junto con unos zapatos de tacón negros que estilizaban mucho más mi figura. Me estaba maquillando cuando sonó el telefonillo, era Laura que venía a buscarme para irnos en su pequeño coche amarillo pollo, como le digo yo.

 Ella estaba encantada con él, para mi gusto un color demasiado chillón. A los dos minutos estaba aporreando mi puerta y me dirigí a abrirle antes de que el viejo cascarrabias que tengo por vecino comenzara a golpear la pared con su bastón.
 
─¡Guaao! Estás preciosa Nuria, impresionante, ¡Esa es
mi chica!
 
─Gracias Laura, por todo lo que haces por mí.

─Para eso somos amigas, ¿no? Venga date prisa que nos
esperan las chicas.
 
Recogí mi cabellera negra de forma informal dejando un medio recogido y me puse un precioso pañuelo azul claro, cogí un pequeño bolso de mi armario donde metí un mini neceser con un pintalabios rojo, una raya de ojos negra, y el rímel, metí el dinero suelto, ya que por más que peleé para que entrara el monedero no lo conseguí, y nos dirigimos a la calle.
 
Laura llevaba un precioso vestido negro que realzaba las curvas de sus caderas y su pelo pelirrojo y rizado suelto, nos miré de reojo a las dos en el espejo del ascensor mientras bajábamos, y lo cierto es que íbamos brillantes, ¡Espero que la noche brille igual! ─pensé, mientras suspiraba─ Nada más salir del portal nos encontramos un grupo de chicos de unos 17 años que no paraban de mirarnos de arriba a abajo a la vez que nos piropeaban, Laura y yo nos miramos con una mirada cómplice al tiempo que nos reíamos.
 
Cuando llegamos al restaurante fuimos el foco de todas miradas, yo nunca me ruborizaba pero en ese instante consiguieron todos que así fuera, fijando la vista al suelo para evitar miradas incómodas, mientras mi amiga levantaba la mano saludando a las chicas que estaban en una mesa al fondo y a la vez iba abriéndonos paso entre la gente. Es viernes y primero de mes, así que todo el mundo había salido hoy, yo por un momento tuve ganas de darme la vuelta y salir de allí corriendo y llorando, desde que no estaba él tenía miedo a enfrentarme a la vida, pero respiré hondo y miré la cara de emoción e ilusión que tenía mi amiga, y me volví un poquito más fuerte.
 
Cuando llegamos a la mesa, estaban Luna y Rosario, Luna iba muy guapa, llevaba un vestido corto en color rosa palo, con los tirantes transparentes, unos zapatos del mismo tono y su melena rubia totalmente lisa y suelta, y Rosario pues… muy adecuada para su edad.
 
─Hola chicas, pensábamos que no vendríais, así que nos permitimos el lujo de pedir ya unos entrantes ─dijo Rosario.

─Lo siento pero es que era imposible aparcar ─Apuntó Laura mientras llenaba su copa y la mía de vino.

─Por cierto, Nuria, hacía tiempo que no te veía tan guapa ─me dijo Rosario.

─Oh, gracias chicas, me vais a sonrojar.

─Hoy jugaremos nosotras a ser las malas ─Añadió Luna.

─¿A qué te refieres? ─pregunté sorprendida.

─Hoy haremos sufrir a los chicos que se acerquen a nosotras ─respondió.

─¡Hay que ver esta juventud! ─Replicó Rosario.
 
Pasamos una agradable velada, reí como hacía tiempo que no reía, por un instante olvidé todo lo que me estaba sucediendo, mientras el vino hacía sus efectos en todas nosotras, criticamos al jefe, nos confesamos secretos, brindamos…, hasta que un joven alto, delgado, estilizado, se arrimó a nosotras ─Señoritas aquí tienen la cuenta, estamos a punto de cerrar─nos miramos y comenzamos a reír de nuevo, el alcohol ya no nos dejaba a nosotras controlar el cuerpo, sino que nos controlaba él.
 
Una vez conseguimos salir del restaurante, sin muchas ganas la verdad, nos dirigimos a un pub que había como a trescientos metros. Tenía pinta de ser caro, la luz era muy tenue, por dentro todo decorado en tonos azules, las luces, paredes, suelos, sofás, nos sentamos las cuatro en una mesa, y acto seguido vino el camarero a tomarnos nota.
 
Mientras, yo no paraba de mirar a la barra, no sé si era el alcohol que había ingerido durante la cena o simplemente que mi mente había olvidado la tristeza por un momento, pero no podía parar de mirar al grupo de chicos que había en la barra, eran tres, uno muy alto, otro regordete aunque parecía el más sociable, por lo menos no paraba de hablar, pero en especial miraba al tercero de ellos, su pelo negro, esos ojos verdes, llevaba un traje gris, con una camisa blanca sin corbata y a medio abrochar a la altura del cuello, la cara perfecta, y un cuerpo esbelto que trataba de adivinar debajo de esa ropa.

─¡Nuria! ─gritó Laura.
 
Escuchar mi nombre me hizo volver en sí.
 
─Perdón ─dije avergonzada por si se habían percatado
de le miraba.

─Te ha preguntado el camarero tres veces que qué quieres tomar ─dijo Rosario─ ¡ay esta juventud!
 
─Yo quiero un ron con limón ─Dije.

─Bueno y dónde tenías la cabeza, cuéntanos ─dijo Luna.

─Yo creo que en aquel grupo de la barra ¿Verdad? ─indicó Laura.

─Mm no ─dije ruborizada─ solo miraba el sitio, ¡es preciosa la decoración!
 
─Anda ya, no nos cuentes películas ─dijo Rosario mientras reía─ dinos cual de los tres te ha gustado.
 
─No me sacaréis ni una palabra arpías ─dije en tono jocoso
 
─¿Por qué os calláis ahora todas de repente? ─pregunté algo molesta pues ninguna contestaba.
 
En ese momento Luna respondió a mi pregunta haciéndome una seña para que me diera la vuelta, y no podía creer lo que mis ojos veían, se dirigían hacia nosotras los tres, enseguida recuperé mi cordura dándome la vuelta y mirando de nuevo hacia el suelo.
 
─Hola señoritas, mis amigos y yo nos preguntábamos si estaban dispuestas a dejarse invitar a una copa ─dijo el más alto de todos, que por cierto, parecía un poco chulo.
 
─Por supuesto, nos encantaría ¿verdad Nuria? ─respondió Laura─ Yo simplemente asentí con la cabeza, y cuando quise darme cuenta ahí estaba él, el precioso chico de ojos verdes,
sentado a mi lado, mi pulso iba a mil por hora, no era capaz de mirarle, me daba miedo que notara algo en mi mirada.
 
─Yo soy Lucas ─volvió a hablar el más alto─ este es Daniel ─dijo señalando al más gordito─ y él es Juan, el guaperas del grupo ─añadió.
 
─Encantada ─dijimos todas al unísono.
 
─Yo soy Laura ─dijo mi amiga─ y estas son Luna, Rosario y Nuria, la soltera del grupo ─añadió.
 
En ese instante le eché una mirada de esas que fulminan en el instante, además pude notar cómo todo el calor de mi cuerpo se concentraba en mis mejillas, no podía verme pero me imaginaba, supongo que estaba completamente colorada, pero capeé el temporal como pude.
 
─Bueno, ahora que todo el mundo sabe que estoy soltera ¿Qué os parece si pedimos algo de beber? ─dije para cambiar de tema.
 
No hice más que pronunciar las palabras, cuando vi que Daniel ya estaba levantando su mano para llamar al camarero ¡que simpático! ─pensé─ mientras le miré de reojo y sonreí para agradecerle el gesto.
 
El camarero no tardó ni un minuto en volver con una botella de champán y siete copas, y cinco minutos más tarde ya estaban descorchándola y sirviendo las copas. Mientras decidía si cogía o no la copa, ya que poco a poco mi cuerpo iba notando los estragos del alcohol, observaba cómo entre
 
Laura y Lucas había surgido cierta complicidad ¡Estos acabarán juntos esta noche!─pensé─ mientras pensaba esto, sin darme cuenta, casi como un impulso estiré mi mano para coger la copa sin mirar, en ese instante noté cómo una descarga eléctrica me producía una agradable sensación, como cuando juntas dos imanes y notas cómo se atraen, miré casi con miedo, y con gran sorpresa descubrí lo que había producido esa extraña pero agradable sensación. Había sido el roce de su piel, íbamos a coger los dos la misma copa.
 
─Perdón ─dije avergonzada.
 
─¿Perdón? No por favor, dónde están mis modales, su copa señorita ─me dijo mientras me la acercaba.
 
Su tono de voz, uf, era increíble, según le escuché un escalofrío recorrió todo mi cuerpo haciendo que me estremeciera ¡Joder! Nunca había sentido nada parecido, era como si hubiera encontrado a mi media naranja, a mi alma gemela.
 
Y así fue avanzando la noche entre copas y más copas, brindis, risas, aunque evitaba cruzar una sola palabra con Juan, tenía miedo a no controlar mis instintos más primarios después de comprobar las sensaciones que había producido en mí, y abalanzarme sobre él, ya que cada vez que le escucha reír, hacer algún cometario, o incluso cuando nuestras miradas se cruzaban a pesar de que trababa de impedirlo, mis ganas iban en aumento. Cuando quisimos darnos cuenta eran las cinco de la mañana y nos estaban echando del local porque cerraban, mientras recogíamos nuestras cosas para marcharnos me invadió una gran tristeza, le miraba mientras hablaba con su amigo Daniel, y lo primero que me vino a la cabeza era una pregunta ¿Le volveré a ver? Una pregunta a la que la única respuesta que daba mi mente era un “No”.

Instantes después estábamos despidiéndonos en la puerta, cuando llegó el momento en el que me dio dos besos mi cuerpo volvió a estremecerse erizando cada parte de él, produciendo en mi interior una sensación de ansiedad ¡Quería más!
 
¿Sería producto del alcohol? Lo cierto es que yo nunca había sido así, recuerdo cuando empecé mi relación con Sergio, que a pesar de que me parecía un chico atractivo, nunca había sentido este tipo de atracción por él, de hecho tardamos más de seis meses en tener nuestro primer encuentro sexual, un primer encuentro que dada nuestra inexperiencia y nuestra timidez fue un desastre, yo ni siquiera supe qué era un orgasmo hasta meses más tarde.


AMAZON 

miércoles, 20 de julio de 2016

MICRORELATO


LA ESPERANZA



      Recuerdo cuando elegí su nombre, Rosa, es la flor del amor, para mí la flor más bonita de todas, como mi pequeña, la niña más bonita de todas. Nada me hacía presagiar en ese momento tan feliz, lo difícil que iba a volverse todo, al principio, me costó asimilarlo, luego luché, pero tenía tanto agotamiento psicológico y físico, que fue cuando la tristeza vino a visitarme, entonces, sentí perdido el rumbo de mi vida, la tristeza se convirtió en mi mayor compañera, hiciera lo que hiciera, ella estaba ahí siempre, recordándome a cada momento que mi vida no podía avanzar sin ella a mi lado. Los llantos cada vez eran mas y mas continuos, incluso se nos unió una nueva compañera, la soledad. Estuvimos mucho tiempo caminando juntas las tres, una nos apoyábamos en la otra, hasta que la amargura también quiso unirse, yo con esta última no estaba muy de acuerdo en que se uniera, puesto que algo en mi interior quería empujarme a ver la luz. Pero la enfermedad de Rosa, era más poderosa que ese pequeño empuje que salía de mi interior.

     Fueron unos momentos muy duros, pero recuerdo como si fuera ayer el momento en que todo cambio.

      Era verano, paseaba por la playa, notaba cada grano de arena rozando mis pies descalzos, sentía como la brisa del mar acariciaba mi piel, respiraba profundamente ya que me encanta el olor a salitre, los rayos de sol penetraban por cada poro de mi piel, me relajaba el cantar de las gaviotas, cuando mejor estaba la tristeza golpeó a mi puerta recordándome que estaba ahí, por si acaso se me había olvidado, mire a mi alrededor, y me di cuenta de que la soledad también estaba ahí ¡Pero no! era un momento muy agradable como para prestarles atención, intenté olvidarlas con todas mis fuerzas, me concentraba una y otra vez para no dejar que invadieran mis pensamientos.

     Observaba a la gente en la playa, había una familia jugando a las cartas, niños haciendo castillos de arena, otro corriendo, mientras mis ojos se dirigían de un lado a otro mirando todo lo que sucedía a mi alrededor, me sobresalté, sentí mis pies mojados, una ola había roto a mis pies mojándolos, durante unos segundos mis ojos quedaron atrapados en el inmenso mar, que parecía no tener final, un mar en calma, que rompía las olas a mis pies y retrocedía una y otra vez ¡Me encantaba el paisaje!

     Seguí mi camino por la orilla, dejándome llevar por todas las sensaciones que me producía todo lo que me rodeaba, estaba siendo consciente de que mis sentimientos los controlaba yo, y de que yo podía elegir lo que quisiera que me provocaran. Continué sin bajar la guardia no fuera que mis compañeras quisieran interrumpir ese momento de intensa paz. Cuando ya estaba cansada de caminar, me senté en la caliente arena, y sólo miraba ese precioso mar azul, ningún otro pensamiento fluía en mi mente ¡De repente! un pajarito se posó en mi hombro, al principio le miré asustada, pero él ni se inmutó, solo empezó a cantar, como queriéndome contar un secreto, y acto seguido desapareció.

      Cerré los ojos, intentado recordar su hermosa melodía, pero lo único que veía al cerrarlos era a Rosa, me enterneció la imagen de mi hija, pero porque en ese instante recordé que le puse ese nombre porque es la flor del amor, eso es lo que siento hacia ella, amor. Justo en ese momento, vino una nueva compañera a visitarme la esperanza, quitando su sitio a la tristeza, y dejando un gran alivio en mi alma.

     Me levanté y continué mi camino, comenzaba a refrescar y mi cuerpo se estremeció, crucé mis brazos para frotarlos, y vino una nueva sensación el calor, quitando su sitio a la soledad. Por un instante me quede parada, pensando. Tengo lo mejor que puedo tener en este mundo, el amor de mi hija, la esperanza de verla feliz, y el calor de su cariño.
No necesito compañeros de viaje como la tristeza y la soledad, porque no es una tristeza tener un problema, el amor todo lo puede, y tampoco estoy sola, tengo lo más bonito que me ha regalado la vida ¡Mi hija! 


LORENA SAMPEDRO

martes, 19 de julio de 2016

Un huésped inesperado



UN HUÉSPED INESPERADO 


 

    Comenzó a rodar por la pista, a la vez que se guardaban las ruedas, empezando un vuelo que me separaría definitivamente de él. Aunque era algo que teníamos claro los dos desde un principio, no pude evitar que un par de lágrimas comenzaran a descender acariciando mis mejillas. Una extraña sensación me hacía querer salir corriendo del aeropuerto en un intento de olvidar todo lo antes posible.
   
      Una vez fuera de la terminal, cogí un taxi.

─Por favor al “Hotel Palacio de Ferrera” en Avilés.

    Mi turno comenzaba en una hora, y tenía casi veinte minutos de trayecto, de Oviedo a Avilés. Mi casa se encontraba a cinco minutos del hotel, así que llegaría con el tiempo justo para ducharme, cambiarme de ropa y dirigirme a mi puesto de trabajo.
Apenas llevo dos años en esta ciudad, desde pequeña tenía clarísimo que quería dedicarme al turismo, siempre me ha apasionado el trato con el visitante, y también necesitaba alejarme de Madrid, una ciudad, cada día más congestionada e irme a un lugar tranquilo, así que cuando vi el anuncio en el periódico, no dudé en enviar mi currículum, y cuando me llamaron fue la excusa perfecta para salir del asfixiante centro y su frenético modo de vida.
El taxi paró en un lateral de la plaza, parando el taxímetro en ese momento antes de dirigirse a mí el conductor:

─Son 23 euros, señorita ─Rebusqué en mi monedero intentando encontrar los tres euros, y después de contar algo de chatarra y escuchar resoplar impaciente al conductor acerqué mi mano dándole un puñado de monedas ─Aquí tiene.

    Miré la hora, me quedaban veinte minutos para entrar así que tendría que ser muy rápida, subí a casa y mientras sacaba la ropa de trabajo, puse el agua a correr para que fuera calentándose y poder ducharme. La casa era vieja y pequeña, pero lo suficiente para mí, y mi intimidad, tenía un pequeño baño dentro de la habitación, con un plato de ducha, ni siquiera tenía una bañera donde deleitarme de vez en cuando, y un salón con barra americana que daba a una pequeña cocina. El salón tenía un pequeño balcón que daba a una calle peatonal, menos mal que a partir de la hora que se cerraban las tiendas apenas había tránsito, porque sí que es cierto, que durante el horario comercial, siempre se escuchaba mucho bullicio.

   Después de la ducha, me di un poco con el secador, lo mínimo para que no se notara mucho la humedad, me recogí mi larga melena pelirroja en una coleta alta, me puse el uniforme, y salí corriendo al hotel, ya llegaba cinco minutos tarde.

    El hotel, era un precioso palacio de estilo, del siglo XVI, tiene tres plantas y una torre que tiene un poco más de altura, en la parte trasera tiene unos amplios jardines y una capilla. Es un importante hotel de la zona. No solo tiene la función de hotel sino que también se realizan banquetes. Así que siempre tenemos mucho trabajo.

   Nada más entrar por la puerta de recepción, vi como María levantaba la vista del ordenador para ver quién entraba a recepción.

─¡Menos mal que vienes vestida Oli! Tenemos mucho trabajo hoy ─Dijo mientras extendía la mano ofreciéndome una lista ─Ahí tienes todas las cenas que debes subir hoy a las habitaciones.

─Gracias María ─Dije poniendo rumbo a la cocina.

─¡Oli! ─Gritó María ─Cuando termines vienes y me cuentas que tal la despedida.

─ Ok ─Dije notando como mi corazón se sobrecogía de nuevo.

   Llegué a la cocina y comencé a preparar el carro con la primera cena, constaba de una ensalada primaveral, y unos filetes de pavo a la plancha, acompañado de un exquisito vino tinto, de postre habían pedido tarta de la casa, y lo que debía ser un plato infantil, nuggets de pollo con patatas fritas y helado, así que me imaginé que sería una madre o un padre con su hijo. Ya solo con los platos que pedían sabía perfectamente si era una persona a la que le encantaba degustar la comida, si pretendían guardar la línea, si era una pareja en una escapada romántica, o una persona solitaria. Es lo que tiene llevar dos años dedicándome a esto.

   Llevaba dos horas trayendo y llevando carritos, de una habitación a otra y echando viajes una y otra vez a la cocina. En uno de mis viajes arriba y abajo, nos quedamos sin manteles y servilletas, por lo que tenía que ir a la lavandería, intenté que mi compañero David, fuera por mí, pero no lo conseguí, así que me tocó ir a mí a pesar de que no quería, ni quería ni debía recordar, y eso es lo que haría que tuviera que ir a la lavandería.


OCHO DIAS ANTES…

─Estoy deseando que pase la boda, estos “guiris” llevan aquí dos días y están dando un trabajo… ─Dijo Rubí.

    Yo acababa de llegar de unos días de descanso y no sabía exactamente a qué se refería, pero sí podía imaginar, que sería una boda de esas que tanto los novios como los familiares llegan unos días antes para disfrutar de Asturias, y de unos días en familia antes de celebrar el acontecimiento.

─¿Están dando mucho trabajo o qué es lo que sucede Rubí? ─Le pregunté mientras terminada de preparar el pedido de la habitación 122.

─Un poco… pero podrás comprobarlo por ti misma estos días.

─Bueno, luego me cuentas voy a llevar esto a la 122, que se enfriará y no tengo ganas de escuchar al cliente chillar.

─¿A la 122? ─Me preguntó sorprendida ─Sí ¿Por qué? ─Respondí algo desorientada por su pregunta ─Cuando bajes me lo cuentas ─ Se limitó a contestar mientras desparecía con el carrito por el pasillo hacia uno de los ascensores de servicio.

   Intenté no hacerla caso, y me dirigí a la primera planta, mi compañera siempre andaba quejándose por todo, era una chica de unos treinta años, que se casó muy joven y tenía dos hijos. Su marido la abandonó en cuanto empezó a “descubrir que era joven” para estar casado y lo que quería hacer era vivir la vida, y que había perdido toda su juventud. Para mí era normal la actitud de ella ante la vida, y que se quejara de todo puesto que solo se dedicaba a trabajar como una mula para sacar a los pequeños adelante.

   Una vez me encontré frente a la puerta de la habitación 122 la golpeé con timidez, puesto que aunque no quería hacer caso a Rubí, había conseguido sugestionarme y me daba algo de miedo lo que pudiera encontrar. La puerta se abrió lentamente, la habitación se encontraba oscura, simplemente se veía una luz de lamparita al fondo. Cuando… cuando ante mí estaba él. Esos profundos ojos grises, esa piel blanca, una barba de varios días, con sus pectorales marcados, y su perfecto torso simplemente con una toalla rodeando su cintura. Me quedé totalmente paralizada, como hipnotizada por el maravilloso hombre que se encontraba frente a mí.

─Señorita, puede pasar y dejar las bandejas en la mesa ─Me dijo con un marcado acento inglés, pero yo seguía sin reaccionar ─ Señorita ─Volvió a repetir, pero yo seguía sin poder pronunciar palabra ─ Olivia ¿Verdad? ─Me preguntó, al ver la chapa que llevaba en la camisa blanca del uniforme con mi nombre.

─Sí ─ Acerté a pronunciar al final ─Disculpe, le dejo la cena en el mesa ─Dije mientras me dirigía al interior notando como mis piernas no paraban de temblar en cada paso que daba.
Una vez puse la cena sobre una mesa redonda que se encontraba en la esquina de la habitación y estaba dispuesta a salir de allí corriendo, para dejar de sentirme tan estúpida ante la mirada de ese hombre, noté como me agarraba del brazo, para girarme y ofrecerme un billete de diez euros.

─¡Oh no! Señor no aceptamos propinas ─Le dije algo avergonzada, aunque no era la primera vez que nos pasaba, pero era política de empresa y si se enteraban de que había aceptado alguna propina mi puesto corría un serio peligro ─gracias de todos modos ─contesté antes de poner mis pies en el pasillo.

─Disculpe ─Me dijo volviendo a hacer que su mirada y la mía se cruzaran y produciendo un escalofrío en todo mi cuerpo ─ya que no acepta la propina, me gustaría invitarla a tomar una copa ─Soltó como si nada, agarrando mi mano y besándola como todo un caballero inglés.

─De verdad que le agradezco mucho todo…─Robert ─Me interrumpió para decirme su nombre ─ Pues eso Robert, le agradezco su gentileza pero no puedo aceptar su oferta
─dije acelerando mi paso antes de que me diera un infarto ya que mi pulso comenzó a dispararse como nunca antes lo había hecho.

   Lo cierto es que no sé qué me había sucedido en esa habitación pero nunca antes me sentí tan atraída a primera vista por un hombre. Cuando llegué a la cocina, estaban recogiendo, por lo visto estaban terminadas las entregadas, de las cenas solo quedaba que en un rato pasáramos recogiendo los carritos, con los restos que dejaban de comida, fuera en los pasillos al lado de sus habitaciones. Salí al patio a fumar un cigarro y me encontré con Rubí que estaba hablando con su madre, siempre que teníamos el primer descanso hacía lo mismo, llamaba para ver que tal estaban sus hijos. Una vez colgó se sentó a mi lado.

─¿Cómo están los pequeños hoy? ─ Le pregunté.

─Bien, Sara ya se está haciendo toda una mujer, y ayuda mucho a mi madre, y Diego, bueno solo tiene cuatro años, sigue con sus trastadas.

─Seguro que el día de mañana se sentirán muy orgullosos de todo lo que has hecho por ellos.

─¡Eso espero! ─Dijo soltando acto seguido un suspiro ─Por cierto, ¿Ya conociste al monumento de la 122?

─Uf, Rubí, ¿Por qué no me avisaste antes? ¡Qué pedazo de hombre! ¿Está solo en el hotel?

─Viene con la boda, y ponte a la cola ¡Nos tiene a todas locas!

─¿Qué cotorreáis? ─Dijo David interrumpiendo nuestra conversación ─¡Vaya, Pelirroja! Estás muy guapa hoy, esos ojos azules brillan como nunca ¿Qué les ha pasado?

─Serán las vacaciones que les ha venido bien ─ Dije algo seca.


     David, lleva unos seis meses trabajando con nosotras, es un chico alegre, aunque no puede evitar tenérselo creído por ser el hijo del director, aunque todos por detrás le criticábamos, porque para ir de divo por la vida estaba sirviendo comidas igual que nosotras en vez de estar en el despacho ayudando a su padre, y tratábamos de evitar cualquier comentario delante de él por el mismo motivo, por ser hijo de quien es.

Bueno, tendremos que empezar a recoger carritos ─dije tirando el cigarro al suelo, y entrando a la cocina, haciendo Rubí y David lo mismo que yo.

     Cuando terminamos de recoger todo, me acerqué a recepción a ver a María, antes de irme a casa, esa noche no me tocaba guardia por si algún pesado de madrugada tenía el antojo de comer algo. Cuando llevaba un rato charlando con ella, vimos cómo bajaba alguien en ascensor, ¡No podía creerlo! ¡Era él otra vez! Esta vez vestido con un pantalón vaquero corto, que le llegaba por la rodilla y una camiseta negra ajustada que marcaba todo su torso. Iba acompañado de dos chicas rubias, de piel blanca y ojos claros, delgadas, muy guapas por cierto, y tres chicos más, guapos también, pero no tanto como él.

─Buenas noches Olivia ─Dijo al pasar por nuestro lado, haciendo que María me mirara pidiéndome una explicación.

      Una vez salieron por la puerta, mi amiga se dirigió a mí, pidiendo explicaciones.

─¿Buenas noches Olivia?, creo que has olvidado contarme algo ¿Verdad?

─No, de verdad solo le subí su cena, y debió leer mi nombre en la chapa, pero nada más ─ contesté sonrojándome.

─¿Ah sí? Pues sepa usted que el tío bueno, lleva dos días pidiendo la cena y a Rubí nunca le ha dicho, “buenas noches Rubí”.

─Bueno, no sé, prefiero no darle importancia, ¡Ya sabes! yo y el amor no nos llevamos bien. Bueno me voy a casa, que necesito descansar las piernas, ¡Hasta mañana! ─Dije despidiéndome con una sonrisa tonta.


     A la mañana siguiente cuando me levanté, lo primero que hice después de tomarme mi vaso de zumo, fue bajar como todos los viernes al mercadillo, aunque no solía comprar nada, me encantaba ver todo lo que ponían en los puestos.

      Después de caminar un largo rato, decidí sentarme en una terraza, pedí un té con limón, mientras se enfriaba un poco estaba jugueteando con mi móvil, cuando vi que retiraban la silla de enfrente mía, para sentarse, miré sobresaltada y ¡Era Robert!

─Hoo… hola ─ Dije algo desconcertada y mirando hacia todos los lados por si alguien me veía con él.

─Hola Olivia ¿Qué te preocupa?

─Nada ¿Por qué lo pregunta?

─No estás en el trabajo, puedes tutearme ─me dijo mientras me guiñaba su precioso ojo gris ─y también puedo invitarte a algo ¿No?

─No creo que sea buena idea ─Contestando con lo que mi cabeza me dictaba, no mi corazón.

─Bueno, no quiero molestar, seguramente estés esperando a tu novio, disculpa mi osadía ─ Dijo levantándose de la mesa.

      ¿Novio? Pensaba que tenía novio, no fui capaz de decirle que no, y por una parte era lo mejor que podía haberme pasado, ya que de ninguna manera quería que la cosa fuera a más.
Esa noche cuando fui a trabajar, rezaba porque no me tocara su habitación, y cuál fue mi sorpresa al ver que no me había tocado, esa noche le tocó a David. Así que aunque con pena, era lo que quería, hice mi trabajo y cuando terminé, a punto de irme, me dijo Arturo, el jefe de cocina, que me reclamaban en recepción, cuando llegué ahí estaba María, con cara de picara, y con una medio sonrisa.

─¿Qué pasa María? Estaba preparando todo ya para salir.

─¿Sí? Pues creo que tienes otros planes mejores.

─¿Qué planes? ─Dije algo molesta ya que me daba la impresión de que se reía de mí.

─Habitación 122 ─Dijo quedándose en silencio ─¿Qué pasa en la habitación 122? ─El Sr Robert, ha pedido una botella de champán y solicita que la lleve “Olivia” ─Dijo dándome un codazo.

    No podía creerlo, este hombre ¿qué se había propuesto hacer, que me echaran de mi trabajo? Fui a por la botella, y subí dispuesta a cantarle las cuarenta, aunque lo pensé mejor por el camino, solicitó dos copas, eso es que esa noche tendría compañía. Llamé a la puerta, algo nerviosa, seguro que estaría con una de esas chicas de la noche anterior, me abrió y me pidió que lo dejara en la mesa.

     Cuando me giré para comenzar a sacar el carro de la habitación, me encontré con que él estaba detrás de mí, ofreciéndome una hermosa rosa roja. La sangre se me quedó helada, no esperaba aquello para nada.

─Robert, no creo que cuando venga tu amiga, le guste ver que me has regalado una flor─ Contesté intentando esquivarle para salir de allí cuando antes.

─“Mi amiga” si quieres llamarla así eres tú ─ Dijo acercando sus labios a los míos haciendo que nos fundiéramos en un deseado beso, que aceleró mi pulso.

       Los días iban pasando, y todos los días hacía porque nos encontráramos y robarme algún beso, yo lo llevaba totalmente el secreto, no quería que esa tontería que teníamos afectara a mi trabajo, ya que sabíamos perfectamente que tendría fecha de caducidad, exactamente un día después de la boda, o dentro de tres días. Por mi parte no quería ni pensarlo. Me encantaban esos encuentros fugaces, las miradas y sonrisas que nos dedicábamos que expresaban nuestro deseo. Pero de ahí tampoco quería que pasara.
                                                                  

EL DÍA DE LA BODA…

           Ese día doblábamos horas todos en el hotel, había que preparar la capilla, el salón y para mi desgracia me tocaba servir en la boda. Por más que le rogué al jefe de cocina el día anterior que no me pusiera a servir en la boda, ignoró completamente mis súplicas.

       Miraba mi cuadrante del día, pensando en si sería capaz de hacer mi trabajo sintiéndome observada por Robert, si algo había descubierto de él en esos días es que siempre encontraba un sitio donde no hubiera nadie para deleitarme con sus tiernos besos, y eso me ponía bastante nerviosa ya que sabía que el metre como siempre querría que todo saliera a perfección y no sabía si yo ese día estaría a la altura.

       La ceremonia comenzó a las ocho de la tarde, mientras se celebraba nosotros ultimábamos los últimos detalles en las mesas y preparábamos las bandejas de canapés y bebidas que se ofrecerían antes de pasar al comedor en el amplio jardín de la parte trasera. Cuando empezaron a salir los invitados, ya estábamos todos en nuestros puestos con las bandejas, y conforme comenzaron a formarse pequeños grupos que hablaban entre sí, nos acercábamos ofreciendo lo que llevábamos, cuando la bandeja quedaba vacía, volvíamos a la cocina a recargar. Algo que me alivió bastante es no ver a Robert en ningún sitio, aunque también me provocaba cierta curiosidad saber dónde se encontraría.

          Estando ya en el comedor pude verle, estaba sentado en la mesa de los novios, sentado al lado de la novia, muy guapo con un traje negro, me dedicó más de una mirada, y un guiño, haciendo que mi piel se erizara y me sintiera especial.
Mientras todo el mundo se encontraba en el baile a la una de la mañana, nosotros recogíamos todo, tenía un dolor de pies grandísimo, y solo pensaba en poderme sentar, pero teníamos que dejar impecable el salón.

─Olivia, por qué no vas a por los manteles limpios, yo me encargo de terminar de recoger la vajilla ─Me dijo Rubí.

─¡Esta bien! ─Conté las mesas rápidamente y me fui a la lavandería, con todo lo sucio.

         Una vez allí, metí en las lavadoras industriales que teníamos los manteles y servilletas sucios y los puse a la lavar, cuando estaba dispuesta a coger los limpios, escuché cómo la puerta se cerraba de un portazo haciendo que me girara, y viéndole a él.

─¿Cómo demonios sabías que estaba aquí? ─Pregunté sorprendida por su inesperada visita.
─Olivia, sé todo de ti ─ dijo acercándose a mí.

       Cuando quise darme cuenta, estaba en sus garras, me tenía agarrada por la cintura con uno de sus brazos y me besaba con una enorme pasión, con su juguetona lengua, mientras su otra mano acariciaba mi cuello, comenzando a descender por mi escote para acabar en mis senos, haciendo que mi sexo se humedeciera, por el deseo que sentía en ese momento. Me empujó contra una de las paredes que estaban vacías, y con una facilidad asombrosa me subió la falda, comenzando a frotar contra mí su abultado miembro, el cual no entendí cómo no le cortaba la circulación ese pantalón que se lo marcaba más aún.

─Robert…

         No pude pronunciar nada más porque me mandó callar, mientras besaba mi cuello, no sé cómo lo hacía pero me estaba volviendo completamente loca, le deseaba, quería sentirle dentro de mí, llevaba varios días con los besos y las tímidas caricias pero hoy, hoy le necesitaba, necesitaba sentirle completamente mío. Y así fue cuando introdujo con sumo cuidado su miembro dentro de mí, haciendo que la pasión nos hiciera explotar en un mundo sensaciones llegando al éxtasis total.

       No quería que terminara ese momento, estuvimos un rato observándonos en silencio, hasta que sonó mi teléfono, lo cual me hizo volver a la realidad, estaba en mi trabajo y me esperaban en el salón.

─Dime Rubí ─ Contesté enseguida.

─¿Cómo tardas tanto? He mandado a David a ayudarte.

─Oh, es que no era capaz de hacer funcionar una de las lavadoras pero ya está, voy para allá.
Me recompuse como pude la ropa y cogí corriendo los manteles y las servilletas.

─No te muevas de aquí, hasta que no sientas que nos hemos ido ─ Le ordené a Robert, el cual me respondió con su típico guiño.

      Salí por la puerta y ahí estaba David, ¡Por los pelos! ─Pensé─ le di los manteles y comencé a andar hacia el salón, mientras él me seguía sin pronunciar ni una sola palabra. 

      Una vez terminamos, me fui a casa, sin poder volver a ver a Robert, para ello hubiera tenido que entrar en el baile y hubiese sido una forma de delatarnos, aunque me hubiera encantado poder hablar con él después de lo que había sucedido. Pero bueno, esperaba poder por lo menos hablar con él al día siguiente antes de que se fuera. Me pasé a ver a María como siempre antes de irme, necesitaba que me dijera a qué hora abandonaban el hotel, pero para ello debía contarle lo sucedido.

─¡Madre mía Oli! Espero que no se entere nadie.

─Si tú no lo cuentas, no se enterará nadie ─ Le respondí.

─Yo no diré nada, te lo prometo ─ Me dijo mientras miraba el ordenador ─ La habitación la dejarán mañana a las seis de la tarde.

─¡Gracias María te debo una!

        No conseguía conciliar el sueño, pensando en que no quería que ese hombre se fuera de mi vida, aunque cuando decidí llevarme por su enorme atractivo, sabía de sobra que solo era un ligue de verano, y que este momento llegaría. No sé en qué momento, pero me dejé llevar por los brazos de Morfeo, pensando en mi príncipe de ojos grises.


  
*******

       Llegué al hotel, sobre las cuatro, cuando entré se notaba cierta tensión en la recepción, ya que los invitados de la boda comenzaban a dejar el hotel, yo no entraba hasta las seis, pero necesitaba hablar con Robert, antes de que se fuera.

─¡Qué pronto vienes! Aún no te toca entrar ─ me dijo Arturo, que salía del despacho del director.

─Lo sé Arturo, pero estaba aburrida y vine a ver a María, aunque veo que está muy ocupada.

─Bueno, tengo que hacer unos papeles, luego te veo ─ Me dijo Arturo dirigiéndose a la cocina.

       En cuanto vi que se alejaba, eché un vistazo en recepción y mientras María y Adela, la otra recepcionista, estaban ocupadas y no podían verme decidí subir a la primera planta, estaba dispuesta a llamar a su puerta, y pasar un rato con él. Al salir del ascensor me quedé petrificada mirando al fondo del pasillo, ¡No! ─grité en mi interior, intentando contener las lágrimas ─¡Ya no estaba!, la chica de la limpieza recogía la habitación.

     Volví a entrar en el ascensor muy descontenta, no entendía por qué no me había esperado, por qué ni una palabra desde la noche anterior, por qué no intentó volver a acercarse a mí.

       Al llegar a recepción, María me esperaba, se acercó a mí tratando de disimular delante de Adela, mientras me susurró al oído ─ Hace veinte minutos, se marchó ─ ¿Veinte minutos? ─ Pensé ─ Seguro que me da tiempo a llegar al aeropuerto. Cogí un taxi y me marché al aeropuerto para poco tiempo después volver al hotel solo habiendo encontrado cómo el avión despegaba.


******** 

      Entré en la lavandería, lo primero que sentí al abrir la puerta, fue una enorme frustración por lo que había sucedido, ¿Cómo había podido marcharse sin decirme adiós?, ¡Qué estúpida soy! Estaba a punto de salir de allí corriendo y llorando, cuando entró David.

─Oli, dice María que hay que llevar un pedido a la 122.

─Si no te importa David, llévalo tú, ahora mismo no me encuentro muy bien ─ Dije tratando de disimular mis lágrimas.

─¿Qué te pasa Oli?

─Nada, ha sido un mareo que me ha dado, pero ya estoy mejor.

─Perfecto, porque María dijo que subieras tú la cena a esa habitación.

    No tenía ninguna gana de hacerlo, y María en ese momento me parecía un poco desconsiderada mandándome a esa habitación. Cuando llegué a la cocina, ya estaba preparado el pedido, era una cena para dos ¡Mierda! No tengo ninguna gana de subir a esa habitación y encima cena para una parejita. Cogí el carro de mala gana, y me subí al ascensor de servicio, llamé a la puerta y no me abrían, volví a insistir y nada, giré el pomo, y vi luz en el interior.

─Servicio de habitaciones, les traigo la cena, disculpen las molestias ─ Dije mientras me adentraba en la habitación para dejar los platos en la mesa.

─Perfecto ¡Ya estás aquí! Podemos empezar a cenar.

    Me giré sobresaltada descubriéndole a él, con un ramo de flores detrás de mí, declarándome amor eterno, mientras nos fundíamos una vez más en un tierno beso.

viernes, 23 de octubre de 2015

Nuestra historia comienza hoy

NUESTRA HISTORIA COMIENZA HOY 



¡¡ OS PRESENTO MI NUEVA NOVELA!! 




EDITORIAL:  EDITORIAL LEIBROS

Nuria decide cerrar las puertas al amor en el momento en el que su novio de toda la vida le deja. Su vida gira entorno a un trabajo monótono y aburrido, y a sus amigas, hasta que aparece en su vida "Ojos Verdes", un hombre por el que, inmediatamente, siente una atracción incontrolable. Nuria se niega a admitirlo y más aún cuando, gracias a su proverbial torpeza, aparezca Alex en su vida, un profesor de baile que también consigue conquistarla. ¿Dejará que la guíe su corazón, dando rienda suelta a sus sentimientos y a la pasión? ¿Quién será finalmente el elegido?


ENLACES DE COMPRA 


jueves, 7 de mayo de 2015

Versos y relatos con Retto

El proyecto surge por una propuesta que hice en facebook para ayudar a mi pequeña Claudia y todas las Princesas que tienen síndrome de Rett ¿Por qué no escribir un libro solidario? Al que instante se unieron muchísimos autores, 28 autores concretamente y dos ilustradores.
El camino no ha sido fácil, pero pensar solo pensar en su fin, ayudar a la investigación del síndrome de rett me daba fuerzas para seguir uniendo y trabajando con todos los autores.
Aunque yo he sido la voz cantante de este proyecto no quiero dejar de nombrar a todos los autores que han participado en él:

María José Mercader, Sandra Escudero, Ana María Ros Bernal, Manuel Devesa, Oscar Lamela Méndez, Fernando Abella, Cristina Pons, Pilar Garcia Gracia, Susana Algovia, Mercé Amat, Enrique Arana, Remigio Sanz Garcia, Cristina Abella, Sara Arias, Mª Esther Ruiz Zumel, Esther Peñas, David Sanz Morgado, Jesús Suarez, Paolo Alfonso Carli, Roberto Hoya, Susana Alcalá, Estrella Montenegro, Verónica Wayse, Raúl Torres, Comoelmar, Rebeca Van Winter, Alba Jiménez, Luis Anguita y como no Pedro Ignacio Fernández., Mercedes R.Cervantes.

Mi libro: Mirando mi reflejo

TITULO: MIRANDO MI REFLEJO
EDITORIAL: SELEER
AUTOR: LORENA SAMPEDRO
ENLACES DE COMPRA:
Editorial Seleer
Amazon
Casa del libro
Me llamo Raquel, siempre he sido la oveja negra de mi familia, cuando parece que mi vida estaba encauzada, mi novio David me deja, mi amigo Álvaro desaparece de mi vida, la locura comienza a apoderarse de mí, junto con la soledad, y creo que empiezo a perder el norte en mi vida o simplemente es la vida, que juega así con nosotros.
¿Quizá sean señales del destino? ¿Quizá haya traspasado el umbral de la locura? Adéntrate, en mi día a día y lo descubriremos juntos

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