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lunes, 3 de agosto de 2015

LA MANSIÓN

LA MANSIÓN 








Llevo un tiempo queriendo escribir algo de miedo y misterio, y que mejor publico para juzgarlo que vosotros, aquí os dejo parte de la historia, espero que os guste, todos los días os iré subiendo algo.



¡¡ Espero vuestras opiniones!!




LA MANSIÓN


− ¡ Es increíble!  Jamás pensé que encontraría la casa perfecta − Le dije a mi amiga Lisa − Ahora tengo que dejarte, aún me queda mucho trabajo por hacer, tengo que desembalar todo en cuanto esté todo en orden te avisaré para que vengáis.
Llevaba un tiempo buscando una casa así, desde que decidí salir del bullicio de la ciudad, dejando atrás mi trabajo de abogada para encontrar mi propia paz interior, es lo que había estado soñando. Cuando la vi en el catalogo de la inmobiliaria supe que era la casa que quería y cuando la visité me enamoré de ella hasta el punto que enseguida decidí trasladarme a pesar de las negativas de mi madre.
− ¡Rachel estás completamente loca! Irte ahí sola en mitad del campo, teniendo tu piso, aquí en la ciudad con todo lo que necesitas.
− ¡Mamá se acabo! No voy a hablar más de esto, la decisión está tomada y me marcho mañana Grandtully, os guste o no. − Dije dando un portazo al salir de la casa.
Sé que me trasladaba a cien kilómetros de mi ciudad, pero era un renacer en mi vida, después de mi divorcio con John, si algo tenía claro es que necesitaba alejarme de todo lo que me rodeaba y buscarme a mí misma, últimamente me encontraba muy perdida, nada me satisfacía ni llenaba mi vida, era un cambio drástico pero necesario en mi camino.
La casa es cierto que está  aislada de todo, cerca de la localidad de Grandtully (Escocia), pero solitaria, para acceder a ella hay que desviarse por un pequeño camino de tierra, y como a quince minutos de recorrido por el estrecho camino se encuentra la mansión de dos plantas rodeada de gran cantidad de árboles, ¡naturaleza! no edificios y contaminación. Por fuera tiene un aspecto viejo, ya que según me contaron en la inmobiliaria fue construida en 1806, siendo abandonada en 1932. Pero por dentro se conserva  impecablemente, tendría que cambiar alguna cosa para que poco adquiera un aspecto más moderno, pero por ahora tengo lo que necesito, soledad, paz y una preciosa casa.
                                           
                                                 

                                                 ********O*******
Después de colgar a Lisa, continué sacando ropa y colgándola en el armario, miré la cama con algo de grima, era una antigua cama de dosel, debía de ser de los primeros dueños por el aspecto antiguo que tenía, quité la colcha floreada y las sabanas blancas que tenía, ¡Las tendré que tirar! ¡A saber quien ha dormido aquí! − Pensé − sacudí un poco el colchón como pude  para retirar el polvo de años y le puse mis sabanas de raso azul, tratando de adaptarlo a mí lo más posible hasta que en una semana viniera el camión de la mudanza con mis muebles.  Una vez terminé me asomé por la cristalera de la puerta a la terraza que había en la habitación, pude observar el ligero contoneo de las hojas de los árboles y como comenzaba a anochecer. Abrí la ventana para que refrescara un poco el ambiente, ya que si algún problema tenía la casa era el calor que hacía en su interior, y me dirigí a la ducha.
Estuve un rato debajo del agua caliente relajándome. Me encontraba totalmente agotada, nunca había pensado que una mudanza cansara tanto. Sequé mi larga melena pelirroja, era lo que más le gustaba a mi ex marido John de mí, siempre me decía que tenía un pelo muy hermoso y unos ojos grises que daban miedo. La verdad si no se hubiera desvivido por su bufet de abogados hubiéramos sido muy felices, pero él lo único por lo que vivía era por su trabajo o eso pensaba yo ¡ingenua de mí! Cuando descubrí que tenía una relación con su secretaria me hundió como persona, siempre he sido una persona que aunque intento trasmitir seguridad realmente soy insegura, aunque también tengo cosas buenas soy muy paciente, pasional y divertida ¡Lástima que no lo supiera ver! o lo haya visto tarde, cuando ya me había perdido. Recogí el pelo en una especie de moño, me puse un pijama de verano, pantalón corto y camiseta de tirantes y me puse a hacer la cena, bueno más bien a intentarlo, porque no era capaz de hacer que esa cocina de carbón funcionara, así que opté por hacer una ensalada.
La cocina era enorme, con un gran arco que le daba acceso, y dos ventanales junto a una puerta de cristal para salir a la parte trasera de la vivienda, y el salón increíble, según entras tiene a mano izquierda dos enormes sofás antiguos y una mesita de mármol central, junto a una enorme librería, en el lado derecho varios sillones individuales junto a tres enormes ventanales y un ojo de buey, de frente una puerta que da al comedor ¡Podré hacer grandes fiestas! − Pensé el primer día que lo vi − con una gran mesa y una preciosa chimenea.
Una vez terminé mi deliciosa ensalada, no es por nada pero soy una magnifica cocinera, cogí un libro de aventuras, y me senté un rato en salón a leer antes de dormir, echaba de menos la televisión pero al igual que mis muebles no vendría hasta dentro de una semana, así que tendría que tener un poco de paciencia.
Llevaba como media hora leyendo, cuando la luz comenzó a tener como pequeñas subidas y bajadas de tensión ¡Vaya! como esto sea así siempre tendré que llamar a un electricista, tanto tiempo deshabitada la casa algo tenía que pesar − Pensé −. Cansada del baile que tenía la luz yendo y viniendo me fui a dormir, además tampoco me vendría mal acostarme, necesitaba descansar ya que al día siguiente me esperaba un día igual, limpiar, colocar cosas...

                                                             ********O********

Me desperté con los primeros rayos de sol que entraban por la gran ventana de la habitación. Me di la vuelta refunfuñando y tapando mi cara con la almohada. definitivamente tengo que comprar unas cortinas, es temprano y me encontraba más cansada que la noche anterior. Debe ser por los nervios del cambio y estar en una cama distinta a la mía, pero había pasado una noche horrible, un sueño ligero y además soñando cosas sin sentido que por más que intentaba recordar no conseguía.
Cuando me aburrí de escuchar a los pájaros, y de encontraba asfixiada con la almohada encima de la cabeza me levanté como un zombi, me bebí un zumo de naranja y unas magdalenas, pero notaba un cansancio físico que no era normal, un baño me ayudará − Pensé − y eso hice. Preparé un caliente baño de espuma y me dejé llevar por la maravillosa sensación de tranquilidad que invadía. Estaba completamente relajada con los ojos cerrados, cuando... ¡No puede ser! Rachel es una casa vieja − me dije a mi misma − volví a cerrar los ojos.
− Tap, tap, tap...
Me incorporé en la bañera asustada, observaba el pasillo, lentamente sin quitarle ojo, salí del agua poniéndome el albornoz rosa que me había regalado John en el último cumpleaños que pase con él, y me asomé sigilosamente, para ver si había algo fuera. 
− ¡Rachel! Relájate, el estrés te está jugando una mala pasada − Dije en alto.
Mirando en el espejo como poco a poco mi cara de pánico iba recuperando la expresión, hice un leve movimiento con la mano para echar mi pelo hacia atrás, ¡Cuando lo vi!
− ¿Y esto? ¿Cuándo me lo hice?
Vi como mi rostro palidecía de nuevo, tenía tres arañazos superficiales en mi cuello, marcados como tres líneas rojas, los palpaba con mi mano pero no sentía ningún dolor.
− Rachel, ya está, tranquilízate, estas estresada, has dormido mal, seguramente te arañaste sin querer en uno de los sueños, y los ruidos bueno... es una casa vieja es normal que las tuberías, las maderas produzcan ruidos. − Dije tratando de buscar una explicación racional.
Respiré hondo, me di una ducha rápida para quitarme los restos de espuma que aún tenía  e intenté ponerme tranquilamente a seguir colocando cosas. Un poco más tarde, sonaba la puerta de la calle, era el antenista, que venía a colocar la antena, para cuando tuviera mis cosas aquí pudiera distraerme y ver esas películas románticas que tanto me gustan ¡Qué pena que no sucedieran las cosas así en la vida real! Mientras él hombre y sus dos jóvenes ayudantes se ponían a pasar cables de un lado a otro antes de subir al tejado, yo proseguí con mis labores, solo tenía limpias mi habitación, la cocina, el baño principal y el salón.
Entre en una de las habitaciones, que había en la planta baja, ya la había visto cuando vi la casa por primera vez, era un despacho antiguo, con muebles de madera caoba y con diversas figuras talladas, tenía una chimenea, las paredes forradas de un papel rojo con figuras geométricas, dos sillones en la misma tonalidad, unas viejas estanterías colgadas en la pared con libros, por los que por cierto sentía gran curiosidad y pequeño mueble bar.   A pesar de que era de día, se echaba de menos una ventana, no conseguía entender como un despacho podía estar en una habitación tan oscura, y encima en esas tonalidades, el caso es que a penas se veía en el interior, al dar la luz le daba un tono más fúnebre. Nada más entrar lo primero que vi encima de una de los sillones un sombrero de caballero, por el aspecto era muy antiguo. Lo eche en una bolsa que llevaba para tirar cosas y comencé a limpiar la habitación.
En uno de los cajones del escritorio encontré, varias fotografías en blanco y negro parecían bastante antiguas, las expresiones las notaba raras, algunas de ellas parecían estar hechas en la casa, concretamente en el salón, viendo una de una mujer con la expresión demacrada, mis manos se abrieron a la par, haciendo que cayeran todas las fotos al suelo.
− ¿Que mierda es esta? Están... están muertos...
Estaba completamente absorta mirando las fotos en el suelo, intentando que mi mente procesara lo que acababa de ver.
− Disculpe señora − Dijo uno de los jóvenes, haciéndome pegar un bote y por poco un grito.
− S... Si − Dije tragando saliva y recogiendo las fotos del suelo a la par que las metía en la bolsa de basura − Necesitamos la llave del ático para poder subir al tejado − dijo el joven mirándome extrañado por mi actitud nerviosa.
Después de darle la llave del ático no quise dar más importancia a lo sucedido y continué con lo mío.  Por la noche después de la tensión de por la mañana, me encontraba más tranquila, pero seguía agotada. Me tumbé en la cama quedándome dormida enseguida.
− ¡Nooooo! ¡Nooo! − Gritaba una y otra vez, mientras intentaba agarrar a la mujer.

Ella solo me miraba, pero parecía no entender lo que la decía, y continuaba su fatal camino, subiendo a la barandilla del balcón. Estaba de pié con la mirada perdida hacia la lejanía sin mirar ningún punto en concreto. La vi levantar un pié alzándolo al vacio, me abalancé sobre ella tratando de agarrarla en vano ya que la fuerza de mis manos no fue suficiente, cayendo finalmente al vacio no quise mirar, cerré fuertemente los ojos, a pesar de que notaba un espeluznante dolor en uno de mis dedos.
− ¡ Nooooo! − Volvía a gritar incorporándome en la cama. 
Me encontraba completamente empapada de sudor, el ritmo del corazón era mucho más rápido de lo habitual, casi podía notar cómo me subía por la garganta intentando escapar. Salí de la cama, y con cierta cautela, salí al balcón mirando hacia abajo, todo estaba completamente en silencio fuera, y en el suelo no había nadie, pero... había sido tan real el sueño, volví al interior de la habitación para ir a la cocina a por un vaso de agua, cuando noté que me dolía mucho el dedo anular de mi mano derecha, por la agitación de antes no me había percatado hasta ese momento.
− ¡Mierda! − Exclamé sorprendida, tenía la uña levantada y el dedo lleno de sangre.
Salí corriendo al baño, abrí el grifo y mientras el agua fluía introduje mi dedo en el chorro, me puse una tirita y ahora sí baje a la cocina. Me preparé una té y me senté en un viejo taburete mientras me fumaba un cigarro e intentaba comprender que estaba pasando ¿Por qué esos sueños? ¿Y por qué me lesionaba por las noches? Definitivamente el estrés me estaba matando.  Eran solo las cuatro de la mañana y estaba convencida de que ya no quería volver a la cama, así que cogí mi libro, una manta, lo que me faltaba del té y me acoplé en el sofá a intentar distraer mi mente con la lectura.
Con los primeros rayos de sol, decidí que era momento de ponerme a seguir recogiendo el antiguo despacho, desde luego no había pasado las dos mejores noches en mi nueva casa, pero estaba segura que para nadie es fácil cambiar las cosas de la noche a la mañana, quizá estaban comenzando a salir mis miedos, y el sufrimiento que había pasado todo este tiempo con el divorcio. Pero si de algo estaba segura, es que no iba a consentir que mi mente me traicionara y estropeara lo que tanto ansiaba.

Continuará.....
Poco a poco iban pasando los días y yo tranquilizándome con ellos, mi mente y mi cuerpo se adaptaban al cambio. ¡Hoy es un gran día! viene mi amiga Lisa a pasar el día conmigo y me traen mis muebles, aunque de lo que realmente tengo ganas es de tener mi televisión. El día comenzó pronto para mí, lo primero que hice fue acercarme al pueblo a comprar.  
Una vez llegué de nuevo a la mansión estaba esperándome  Lisa en la entrada.
− ¡Lisa! − Dije mientras corría a darle un abrazo.
Lisa, era mi mejor amiga desde pequeña, nos conocimos el colegio, con apenas seis años, y nos convertimos en inseparables, si algo echaba de menos de mi vida anterior, eran los largos paseos que dábamos las dos siempre y cuando el trabajo nos lo permitía, las compras con ella, y nuestras confidencias. Ella se casó con un compañero suyo de carrera. Scott, los dos son fiscales, aunque, después de años de carrera, regentan una tienda de antigüedades en Dumfries.
Entramos  dentro de la casa, y mientras colocaba la compra, Lisa preparó unos trozos de queso y un par de copas de vino.
− ¿Te adaptas bien al cambio? − Me pregunto mi amiga − Porque yo te echo mucho de menos. − Yo también Lisa, ya lo sabes, pero esto era necesario para mí.
− Por cierto ¿Y Scott?
− Scott tenía que abrir la tienda, por eso no ha venido, pero viendo lo grande que es la casa, ya nos escaparemos algún fin de semana.
− Cuando quieras, las puertas siempre estarán abiertas para vosotros.
La enseñé toda la casa, de hecho estuvimos hablando de cuál sería su cuarto cuando vinieran a visitarme, hasta que nos sorprendió el timbre, ¡Ya estaban aquí el resto de mis cosas! Nos pusimos las dos a colocar lo poco que pudimos hasta la hora de comer. Después tomamos un café tranquilamente en el jardín trasero. Me encontraba plenamente feliz, ¡Esto es vida! − Pensé − de charla con mi mejor amiga y en la casa de mis sueños.
− ¡Oye Lisa! ¿Qué te parece si damos un paseo por la finca?  Aún no he tenido la oportunidad de hacerlo, y me gustaría saber hasta dónde llega la arboleda.
− Pues claro, es más ¡Me encantaría!, la verdad es que parece grandísima.
Fui a la habitación a recoger un par de chal, ya que aunque hacía algo de calor corría una ligera brisa, que a veces podía resultar incomoda. Una vez listas comenzamos a adentrarnos en la espesura de los árboles y matorrales.
− Tendrás que realizar una buena limpieza a esto − Dijo Lisa, tratando de apartar unas ramas medio caídas.
No sé exactamente cuánto andamos, pero la finca parecía no tener fin, había lo que parecía un antiguo jardín con una fuente de mármol ennegrecida por el paso de los años, y unos bancos de piedra alrededor, se encontraba en un lugar alejado de la casa, así que para mí fue sorpresa encontrarlo, comencé a imaginarme con ello arreglado un rincón perfecto para mis lecturas en plena naturaleza. Continuamos por sendero que salía a la derecha de la fuente ya que todo lo demás se encontraba rodeado por setos.
− ¡Me encanta Rachel! Creo que pasaremos por aquí más de una vez a descansar y desconectar de todo. Ya empiezo a comprenderte. La casa, la finca, el paisaje, todo es maravilloso. ¡Oye! Y John ¿has vuelto a saber algo de él?
− Pues ni he vuelto a saber nada de él ni quiero sinceramente.
− ¿Qué es aquello Rachel? − Me preguntó sorprendida − ¿El qué?
− Aquello, que se ve al fondo.
− No sé, acerquémonos y lo averiguamos.
Cuando llegamos no podía creer lo que mis ojos estaban viendo, Lisa y yo nos miramos sorprendidas y extrañadas, era... era lo que parecía un cementerio. Estaba lleno de suciedad, hojas caídas, tierra. Aparté algunos restos con él pié.
− Es... es lo que yo creo − Dijo Lisa algo asustado.
− Sí eso parece.
− Peroo... ¿Qué clase de loco tiene un cementerio de perros en su finca? ¿Y tantos perros?
Podíamos contar como veinte tumbas de animales, presididas por dos centrales, donde parecía que había una pareja un hombre y una mujer.
− ¡Rachel! Vámonos de aquí, esto no me gusta nada, mis pelos se están poniendo como escarpias.

− Llamaré a la inmobiliaria y les preguntaré, no me comentaron nada de esto. 

Continuará....

lunes, 22 de junio de 2015

El verano de mi vida

EL VERANO DE MI VIDA

Estaba sentada en la terraza del  hotel, comenzaba asomar el sol por el horizonte, dejando el cielo de un precioso color azul anaranjado, el mar estaba tranquilo, las olas iban y venían con total tranquilidad. La brisa acariciaba mi piel, haciendo que me estremeciera. Cerré los ojos llevada por la inmensa paz que sentía en mi interior, en mis pensamientos una única cosa, la felicidad que me producía el hombre que estaba en el interior de la habitación durmiendo plácidamente.
Le conocía desde hace poco, pero me robó el alma y el corazón en el mismo instante que se cruzaron nuestras miradas, dejándome completamente atrapada en esa mirada gris, una mirada clara y limpia. Respiré hondo tratando de controlar las pulsaciones, solo pensar en él aceleraba mi pulso y hacia que mi cuerpo, se llenara de deseo. Deseo por el hombre perfecto.

Pero vayamos al principio…
Acabábamos de llegar al hotel mis amigas y yo. Para mí era lo mejor del verano, las vacaciones con Vanesa y Olivia. Pasábamos todo el invierno preparando nuestras vacaciones, y ahorrando para ellas. Desde que terminamos la carrera, a penas coincidíamos, ya que por desgracia la inserción en el mundo laboral nos distanció.
Vanesa trabajaba en Salamanca, mientras Olivia y yo continuábamos en Madrid, pero ella trabajaba en turno de mañana y yo en turno de tarde, así que las pocas veces que nos veíamos era en fines de  semana. Aunque también es cierto que a pesar de las dificultades, hablábamos todos los días gracias a las nuevas tecnologías y aplicaciones como el Whatsapp
Este año nuestro destino era " El Caribe" somos unas apasionadas de la playa y el buceo, ¡Y  qué mejor que estas playas paradisíacas!, con su arena blanca y el agua de un azul completamente transparente. Elegimos un precioso hotel, que estaba formado por varios bungalós con el tejado de paja y las paredes de madera, a ambos lados de  un gran edificio central, que era donde se encontraba la recepción y el restaurante. El conjunto de casitas hacia una medialuna al borde de una preciosa piscina que era cruzada por un puente iluminado por luces en tonos verdes y azules. Y justo enfrente el mar, dándonos la bienvenida.
Nuestro alojamiento estaba en el lado derecho, era sencillo pero elegante a la vez, para acceder, había que subir tres peldaños, que daban a una preciosa terraza, al entrar una puerta de madera y cristal, junto a un enorme ventanal que dejaban observar un precioso salón, con unos sillones de piel marrones, una pequeña mesa central y una chimenea. De frente un modesto baño, no tenía muchos lujos, pero tenía todo lo necesario. A mano derecha una puerta corredera de madera que daba entrada a la habitación, las paredes y los techos del mismo material, y tres enormes camas.
− ¡Esto es el paraíso! − Gritó Vanesa, a la vez que se deshacía de su maleta, y se tiraba sobre la cama central − Yo me pido esta.
− Mírala ella siempre igual, no deja que las demás elijamos − Protestó Olivia.
− ¿Cuál es tu problema? − Repuso Vanesa.
− ¡Chicas por favor, no empecéis! − Intervine tratando de poner paz − Hemos venido a pasarlo bien no a discutir.
− Tienes razón − Respondieron las dos a la vez.
− ¡Venga! pongámonos los bikinis que tengo ganas de estrenarlo y vayamos a la playa.
− Sí −respondí entusiasmada. 
Y acto seguido comenzamos las tres a rebuscar en nuestras maletas para prepararnos e ir a la playa. Yo me había traído para la ocasión un precioso trikini de color azul turquesa, que realzaba mi busto, y marcaba mi cintura, me puse un pareo del mismo tono en gasa, unas chanclas, y solté mi larga melena castaña. Mis amigas también estaban preparadas con unos bonitos bikinis.
− ¡Guau!  ¡Estas espectacular! − Me piropeó Vanesa.
− De aquí no nos vamos solteras − Intervino Olivia.
− No sé si solteras, pero a mí no me importaría pasar una noche con alguno de los maromos que se veían desde recepción, jugando al Vóleibol − Dije provocando las risas de mis amigas.
− ¡Que tía! Siempre pensando en lo mismo − Dijo Vanesa, mientras reía.
− No es pensar en lo mismo, pero esa alegría que se lleva el cuerpo − Contesté un poco ofendida.
Cogimos las bolsas con lo necesario para la playa y allá que nos fuimos. Me parecía fascinante el paisaje, las palmeras, esas sombrillas de paja, con mesa y tumbonas. Había lo que diríamos aquí, un chiringuito de playa donde poder tomar bebidas exóticas. Lo primero que hicimos es coger tres tumbonas con una de esas sombrillas que llamaban tanto mi atención, una vez acomodadas y colocados nuestros bártulos, nos dirigimos a cotillear que bebidas había, y poder pedir algo, para comenzar a celebrar el inicio de nuestras tan deseadas vacaciones. Con nuestros Ron Punch caribeños, hechos  a base de Ron Jamaica, zumo de piña, granadina y soda, en unas bonitas copas, con sombrillas y pajitas, nos fuimos a nuestro pequeño paraíso, y comenzamos a brindar.
− ¡Por estos quince días de lujo que vamos a pasar! − Dijo Olivia mientras brindábamos.
Después de brindar yo, me tumbé, mientras observaba a los chicos jugar, ¡Vaya cuerpos! musculados, sin un ápice de grasa, hacía tiempo que no veía chicos tan atractivos. Cuando quise darme cuentas mis amigas habían desaparecido, solo pude encontrar forzando algo la vista, sus diminutas cabezas, dentro de un inmenso mar. Así que al verme allí sola decidí unirme a ellas, fui lentamente andando hasta la orilla, cuando a lo lejos pude escuchar unos silbidos piropeándome. Sabía perfectamente que eran los chicos, pero hice caso omiso, y continué a lo mío.
Llegué nadando hasta donde estaban Vanesa y Olivia, y mientras charlábamos tranquilamente, y jugábamos con el agua, noté una especie de calambre muy doloroso en mi pierna derecha, el dolor era intenso, notaba como mi respiración comenzaba a entrecortarse, intenté nadar, pero no lo conseguí, me era imposible. Mis amigas se dieron cuenta  de que algo me estaba sucediendo, pero ya el resto de lo que pasó, está borrado en mi mente.
Lo primero que vi al abrir los ojos, fue a ese chico, de pelo corto y rubio, un cuerpo de escándalo, con su torso completamente fibroso, y sus musculosos brazos, sobre mí y separando sus labios de los míos.
− ¿Estoy en el cielo? − Pregunté, mientras comencé a escuchar risas por mi pregunta.
− No, para nada, solo he conseguido revivirte − me contestó, mientras me ofrecía su mano para ayudarme a incorporarme.
− ¡Oh Melisa! ¡Estás bien! − Gritaba Olivia mientras me abrazaba.
− Tranquilas sobrevivirá, solo ha sido una picadura de medusa − Dijo el ángel que me había salvado la vida sonriéndome.
En ese instante mi mirada y la suya se cruzaron, dejándome completamente perdida en sus preciosos ojos grises, acelerando mi pulso y haciéndome sentir la persona más especial del mundo, porque sus labios habían rozado los míos.
─ Será mejor que vayamos a que te vea el médico ─ Interrumpió mi momento mágico Vanesa ─ ¡Vamos! ─ Ordenó, mientras tiraba de mí, pero yo no conseguía apartar mi mirada de ese ángel.
Fuimos andando muy despacio hasta recepción, ya que hasta ese momento no había comenzado a sentir la  mezcla de dolor y escozor que tenía en mi pierna.
─ ¡Llevadme con mi ángel! ─ Les dije a mis amigas ─ con él no me dolía nada.
─ ¿Estás tonta o qué Melisa? ─ Me dijo Vanesa, mientras me miraba incrédula.
─ Yo creo que la picadura de la medusa no solo le ha afectado a la pierna, sino que también a la cabeza ─ intervino Olivia.
Cuando llegamos a recepción, mientras mis amigas se acercaron a preguntar a la chica que estaba detrás del mostrador, me dejaron sentada en una silla en el hall. Tenía unas ganas inmensas de arrancarme la piel de la pierna rascando, pero pude controlarme, cogí un folleto  informativo del hotel y lo usé de abanico, con ello conseguí aunque poco, calmar el escozor. Al instante vinieron mis amigas para ayudarme a ir a un cuarto cercano a la recepción, donde vimos un cartel bastante simple de madera, en el que ponía tallado a mano “Enfermería”
Me atendió un chico muy simpático, que a pesar de lo joven que era, ya tenía su carrera de medicina terminada, lo primero que hizo, fue ponerme un paño húmedo y limpiarme la picadura con suero fisiológico, después me aplicó una pomada con un  antihistamínico y me dio un calmante para el dolor. Me pidió que volviera a la mañana siguiente para realizar la cura de nuevo y ver cómo iba.
─ Bueno, y ahora ¿Qué hacemos? ─ Preguntó Olivia ─ se nos acabo la playa, Melisa no puede bañarse.
─ ¡Oh chicas! De verdad, no os preocupéis por mí, iros a la playa, yo os espero en el bungaló.
─ ¿De verdad no te importa quedarte sola un rato? ─ Preguntó Olivia.
─ En serio, iros, yo me quedo descansando un rato, para coger fuerzas para esta noche, que por cierto mirar lo que vi en folleto ─ Les enseñé que esa noche había una fiesta “Hawaiana”
─ ¡Qué pasada! Esta noche vamos, ¡venga Olivia vámonos! ─ Dijo Vanessa.
Y así hicieron ellas dos, se fueron a la playa y yo a mi ritmo,  puse rumbo al bungaló. Lo primero que hice al llegar, fue cambiarme de ropa, me puse un pantalón corto y una camiseta de tirantes, cogí un libro romántico, una botella de zumo de la mini nevera que había en el salón  y me senté en la terraza.  Estaba totalmente inmersa en la historia de los protagonistas de la novela, tanto, que era totalmente inconsciente de todo lo que sucedía a mí alrededor, incluso de quien pasaba enfrente de mí hasta que me sobresaltó su voz.
─ ¡Hola Melisa! ¿Estás mejor? ─ Pegué un bote de la silla sobresaltada, al escucharle.
─  Hoo… Hola ─ Dije tímidamente ─ Sí, ya me vió el médico.
─ Me alegro mucho.
─ Por cierto…quería darte las gracias…no sé cómo agradecerte lo que has hecho por mí.
─ ¡Se me ocurre una forma! ─ Dijo efusivamente.
─ ¿Ah sí? ¿Cuál? ─ Pregunté sorprendida.
─¿Qué tal si en la fiesta de esta noche me invitas a una copa?
─ ¡Claro! Eso está hecho.
─ Estupendo, luego nos vemos ─ Dijo mientras comenzaba a andar y me decía adiós con la mano, no sin antes echarme un vistazo de arriba abajo.
¡No podía creerlo!, había vuelto a ver a ese ángel, que me había salvado la vida. Ese cuerpazo y esa mirada, hacían que me temblara hasta el alma, ¡qué pena haber estado inconsciente! Y no haber podido sentir como es debido sus labios. Intenté volver a la lectura de mi libro, pero me costó muchísimo volver a conseguir centrar mi atención, llegó un momento que leía y nos imaginaba a los dos. Estaba impaciente porque llegaran mis amigas y poder contar que le había vuelto a ver, así que al ver que no podía centrarme de ninguna manera, decidí ir a mi maleta a elegir la ropa que me pondría para la fiesta.
─ ¡Vamos rápido! Que no nos da tiempo ─ Gritaba Vanesa al entrar al bungaló.
─ ¿Qué pasa Vanesa? ─ Pregunté algo preocupada.
─ ¡Vamos! Ponte unas deportivas, que se nos va la excursión.
─ ¿Excursión?… ¿Qué excursión?
─ Te explicamos por el camino ─ Dijo Olivia, mientras dejaba su bañador tirado y optaba por un pantalón corto y una camiseta.
Así que no pregunté más y me puse unas deportivas, y las seguí hasta la entrada del Hotel donde había un autobús esperando, y la mitad de los clientes del Hotel, eché un vistazo para ver si conseguía verle, pero no fue así, lo cual me hizo sentir que si me estrujasen el corazón.
─ ¡Chicas! Pero…¿llegaremos para el baile? ─ mi voz expresaba preocupación.
─ ¡Sí! Tranquila ─ me dijo Olivia.
Olivia era una chica perfeccionista, de piel muy blanca y pecosa, pelirroja de nacimiento, lo que le había traído grandes complejos, pero ella era fuerte, y había conseguido aceptarse tal y como es, y en cuanto alguna se sentía mal enseguida estaba dispuesta a ayudar, quizá porque ella entendía bien lo que era sufrir. Vanesa por su parte era cascarrabias y eso que era la que más ligaba de las tres,  tiene un cuerpo espectacular, y unos ojos de gata, verdes que hipnotizan a todos los hombres.
Una vez subimos al autobús y estábamos sentadas, ya no podía aguantar más la intriga de dónde íbamos, así que decidí preguntar de nuevo, quizá alguna se dignaría a explicármelo ya. 
─ ¿Me podéis informar de donde vamos? Si no es mucha molestia, claro.
─ Vamos a ver las ruinas de Chichen- Itzá ─ Dijo Vanesa.
─ ¿El qué? ─ Pregunté, sintiendo mucho mi incultura pero no sabía de que me hablaban.
─ Son unas ruinas arqueológicas, que fueron declaradas por la Unesco, una de las siete maravillas, era de la civilización maya-tolteca, y dicen que la pirámide de Kulkukán es una maravilla ─ me explicó Olivia.
Tardamos como media hora aproximadamente en llegar, lo primero que hicimos nada más bajar del autobús fue ir a un restaurante que había en la entrada a por botellas de agua, ya que hacía un calor seco que ahogaba. Una vez preparadas con la bebida nos reunimos de nuevo todo el grupo y  vino un guía para comenzar a explicarnos todas las maravillas que teníamos ante nuestros ojos. Lo primero que nos dijo es que la visita duraría aproximadamente dos horas. ¡Perfecto así llegaremos a la fiesta! ─ Pensé ─.
Nuestro recorrido empezó visitando la pirámide principal, que como bien me había explicado Olivia era la de kulkukán, nos explicó el guía que según la época del año y la posición del sol se podía ver en el lado izquierdo de la pirámide un juego de sombras simulando una serpiente que desciende por ella, cosa que me dejo completamente alucinada, tenía que ser digno de ver. También nos comentó que era un centro ceremonial de los antiguos mayas, donde realizaban ritos. Nos enseñó un estadio de juego, y  nos contó que antiguamente en el  jugaban con un balón de cuero muy duro, y solamente lo podían tocar con el costado del cuerpo, exactamente con la cadera, ¡Que difícil! ─ Pensé ─ y aquí venía lo mejor el ganador tenía el honor de morir y el perdedor vivía con la vergüenza, por lo visto este juego se celebraba cada 50 años.
Lo cierto es que me encantó la excursión, me pareció increíble, y muy recomendable, ver cómo vivían y como era la cultura maya hace años, a parte que la pirámide era una pasada, dentro de ella había, una especie de laguna de piedra donde había agua helada,  por lo visto se llaman Cenotes, son naturales y los mayas los utilizaban para sus rituales.
Una vez terminada la visita, pusimos rumbo al hotel de nuevo, iba dando cabezadas en el autobús, me encontraba cansadísima, la visita había terminado de agotarme, aunque el viaje había merecido la pena,  no sé cómo, pero tenía que sacar ganas de donde fuera, me moría de ganas de ver a mi ángel de nuevo, saber su nombre, de dónde era, a que se dedicaba, quería saber todo de él. Nada más llegar al bungaló nos tiramos en la cama, necesitábamos descansar las piernas aunque fuera cinco minutos, todas menos Olivia, que se fue a duchar.
─ ¡Estoy agotada! ─ Dijo Vanesa, mientras se descalzaba.
─ ¡Oye! No vale echarse atrás que te conozco y tenemos que ir a la fiesta.
─ Pues yo no creo que vaya, lo siento Melisa, pero estoy muy cansada, tenemos más días para las fiestas.
─ ¡Eres una egoísta! ─ Grité muy enfadada ─ ¡Estoy cansada de que todo tenga que ser como quieres tú!
─ A mi no me chilles ¿Vale? ─ Me increpó Vanesa.
─ ¿Alguna me explica que está pasando? ─ Dijo Olivia, que salía del baño con la toalla puesta y el pelo enjabonado al escuchar nuestra discusión.
─ Que Vanesa es una egoísta, eso pasa, no quiere ir a la fiesta, está muy cansada y yo he tenido que ir a la excursión.
─ Vanesa, ¿por qué no transiges un poco?, no cuesta nada ceder, y así todas hacemos algo que nos guste ─ Intentó poner paz Olivia.
─No voy a ir, que vaya si quiere. ¡Y punto! No tengo nada más que decir ─ dijo dándonos la espalda.
Yo me salí fuera de la habitación dando un portazo y me senté en la terraza llorando desconsoladamente, estaba cansada de mi amiga, siempre había sido igual de egoísta, nunca cambiaría, se notaba demasiado que era hija única, y  estaba acostumbrada a salirse con la suya. En ese instante la detestaba con todas mis fuerzas. Me propuse a mi misma no hablarla en todas las vacaciones. Cuando conseguí serenarme, me quedé observando desde la terraza como jugaba una familia en la playa con sus pequeños, no tendrían más de cuatro y seis años, hicieron que por un instante volviera a mi niñez, cuando iba con mis padres de vacaciones, ¡qué tiempos! Sin preocupaciones, donde todavía existía en nuestra vida la inocencia, ¿Por qué tanta prisa en crecer cuando somos pequeños? ─ pensé ─. De repente noté una mano en mi hombro y me giré, era Olivia, tenía puesto un vestido largo en blanco con flores.
─ ¡Vamos arréglate! Que nos vamos tú y yo a la fiesta ─ Me habló en un tono maternal.
─ No te preocupes Olivia, imagino que tú estarás cansada también.
─ Pues no te voy a negar que estoy cansada, pero también quiero ir contigo a esa fiesta.
─ De verdad no te preocupes ─ Insistí.
─ ¡Vamos!
Me sonó a orden ese último ¡Vamos!  inmediatamente me fui a dar una ducha y vestirme. Me puse un espectacular vestido ibicenco que compré en nuestras vacaciones del año anterior y  me solté el pelo, poniendo una simple cinta de color blanco. Olivia, me esperaba fuera, cuando pasé por el lado de Vanesa, ni siquiera  dije que nos íbamos ni me despedí, seguía muy dolida con ella a pesar de que Oli había conseguido hacerme sentir un poco mejor.
Nos costó un poco encontrar el lugar de la fiesta, ya que estaba justo en la playa, alejado de los bungalós, quizá para que los clientes que no quisieran asistir no se sintieran incómodos con el ruido.  Habían preparado un arco decorado con flores, por el que debíamos acceder, a cada lado del arco había una persona, en uno de los lados un chico que nos ponía coronas de flores a las mujeres en el pelo y en el otro una chica que ponía collares a los hombres.
En la parte central mesas perfectamente decoradas para la ocasión y en uno de los laterales el más alejado de la orilla del mar, varías mesas decoradas de colores muy llamativos, cada mesa tenía su función en el gran buffet, en una por ejemplo había todo tipo de frutas exóticas, y en otra bebidas y vasos.
Olivia y yo echamos un vistazo y nos fuimos a coger una mesa, ya que había más gente de la que habíamos pensado y si no nos dábamos prisa nos quedaríamos sin sitio. Hacíamos turnos para ir a recoger las cosas del buffet. Pero no conseguía encontrar a mi ángel, por ningún lado. ¡Igual era pronto! ─ Pensé al principio─ Pero según iba avanzando la noche y no encontraba ni rastro de él, comencé a ahogar mi desilusión en el alcohol. 
─ Melisa, no crees que es momento de parar de beber ─ Me dijo Olivia algo preocupada.
─ Nooo, para nada, ¡que continúe la fiesta! ─ Dije dando un trago más a mi mojito.
─ Creo que tu ángel, te ha dado plantón, será mejor, que nos vayamos a descansar.
─ Oh no Olivia, un poquito más por favor ─ le pedí.
─ ¡Está bien! Pero en media hora nos vamos,  y con la condición de que no bebas más.
Cogí mi mojito y a Olivia, y se puede decir que la arrastré hasta la pista de baile, no quería que se siguiera aburriendo y me hiciera ir a dormir, lo que menos necesitaba era meterme en la cama y ponerme a dar vueltas a porqué no había aparecido mi ángel.  Comencé a hacer el tonto en la pista, ya no era yo la dueña de mi cuerpo, sino que el alcohol era quien guiaba mis movimientos, y aunque en parte si era consciente de que era el objeto de todas las miradas me daba igual, solo quería olvidar.  Olivia me dijo que necesitaba ir al baño y yo me puse a intentar bailar el Hula tal y como nos explicaba la chica que estaba dando la clase, pero en un movimiento del brazo hacia la derecha, justo la mano en la que tenía el vaso, pude notar como golpeaba a alguien con tanta fuerza que se rompió el vaso en mi mano.
Me quedé paralizada un instante sin saber cómo reaccionar, me daba miedo darme la vuelta, pero debía disculparme, así que hice un esfuerzo con los ojos medio entornados esperando escuchar gritos de respuesta, y lo que me encontré solo me dejó pronunciar un grito. Vi que había partido la ceja, a la persona a la que había dado y encima me había cortado yo la mano, manchando mi precioso vestido blanco de sangre. No podía ver su cara porque se encontraba agachado hacia delante para que la sangre no le entrara en el ojo.
─ ¡Lo siento, lo siento! De verdad no sé si podrá perdonarme. No sabía que había alguien a mi lado, de verdad, no era mi intención hacerle daño ─ Empecé a relatar como un papagayo.
─ ¡Joder Melisa! Yo te salvo la vida y tú me quieres matar.
No podía entender lo que estaba escuchando, me agaché despacio y con miedo y pude ver que ¡Era él! ¡Mi ángel!
─ Lo siento mucho, déjame que te acompañe a la enfermería seguro que tiene solución.
─ No, si solución tiene, lo que no sé es si dejarte que me acompañes por si quieres rematarme por el camino.
─ ¡No digas tonterías!
─ ¡Ah! Melisa, ¿Pero qué has hecho? ─ Dijo Olivia que venía del baño.
─ Nada Olivia, todo está bajo control, voy a llevarle a la enfermería, ¡Vete a descansar! Después te veo.
─ ¿Estás segura? ¿No quieres que os acompañe?
─ No de verdad Olivia, te lo agradezco.
─ Bien, te espero despierta y por favor que te mire el médico la mano.
─ Sí, si -- dije mientras nos alejábamos.
Cogí una servilleta y se la puse en la ceja para cortar la sangre o por lo menos intentarlo, mientras llegábamos a la enfermería. Cuando llegamos el médico no estaba, tuvieron que ir a avisarle, así que nos tocó esperar.
─ ¿Te encuentras bien? ¿No te mareas ni nada? ─ Le pregunté muy angustiada.
─ Si, no es nada, tranquila. ¿Y tu mano?
─ Bien, apenas me duele ─ Contesté mientras agachaba la mirada, y comenzaba a llorar.
─ ¡Ey! ¿Por qué lloras? ─ Me preguntó mientras me agarraba de la barbilla y levantaba mi cara.
No pude contestarle, simplemente me quedé mirándole, pero lo cierto es que lloraba porque me sentía fatal, las dos veces que le veía y las dos veces tenía un accidente, solo que esta vez también le había dañado a él, y lo mejor es que seguía siendo amable conmigo.
─ ¡Venga anímate! No me gusta verte así ─ Me dijo mientras me limpiaba la lágrima.
─ ¿Por qué eres tan amable conmigo? Si acabo de lesionarte.

─ Porque no todos los días se encuentra una sirena en el mar ─ Dijo mientras acercaba su boca a la mía y nos fundíamos en un tierno beso, que me hizo temblar de arriba abajo. 

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