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lunes, 22 de junio de 2015

El verano de mi vida

EL VERANO DE MI VIDA

Estaba sentada en la terraza del  hotel, comenzaba asomar el sol por el horizonte, dejando el cielo de un precioso color azul anaranjado, el mar estaba tranquilo, las olas iban y venían con total tranquilidad. La brisa acariciaba mi piel, haciendo que me estremeciera. Cerré los ojos llevada por la inmensa paz que sentía en mi interior, en mis pensamientos una única cosa, la felicidad que me producía el hombre que estaba en el interior de la habitación durmiendo plácidamente.
Le conocía desde hace poco, pero me robó el alma y el corazón en el mismo instante que se cruzaron nuestras miradas, dejándome completamente atrapada en esa mirada gris, una mirada clara y limpia. Respiré hondo tratando de controlar las pulsaciones, solo pensar en él aceleraba mi pulso y hacia que mi cuerpo, se llenara de deseo. Deseo por el hombre perfecto.

Pero vayamos al principio…
Acabábamos de llegar al hotel mis amigas y yo. Para mí era lo mejor del verano, las vacaciones con Vanesa y Olivia. Pasábamos todo el invierno preparando nuestras vacaciones, y ahorrando para ellas. Desde que terminamos la carrera, a penas coincidíamos, ya que por desgracia la inserción en el mundo laboral nos distanció.
Vanesa trabajaba en Salamanca, mientras Olivia y yo continuábamos en Madrid, pero ella trabajaba en turno de mañana y yo en turno de tarde, así que las pocas veces que nos veíamos era en fines de  semana. Aunque también es cierto que a pesar de las dificultades, hablábamos todos los días gracias a las nuevas tecnologías y aplicaciones como el Whatsapp
Este año nuestro destino era " El Caribe" somos unas apasionadas de la playa y el buceo, ¡Y  qué mejor que estas playas paradisíacas!, con su arena blanca y el agua de un azul completamente transparente. Elegimos un precioso hotel, que estaba formado por varios bungalós con el tejado de paja y las paredes de madera, a ambos lados de  un gran edificio central, que era donde se encontraba la recepción y el restaurante. El conjunto de casitas hacia una medialuna al borde de una preciosa piscina que era cruzada por un puente iluminado por luces en tonos verdes y azules. Y justo enfrente el mar, dándonos la bienvenida.
Nuestro alojamiento estaba en el lado derecho, era sencillo pero elegante a la vez, para acceder, había que subir tres peldaños, que daban a una preciosa terraza, al entrar una puerta de madera y cristal, junto a un enorme ventanal que dejaban observar un precioso salón, con unos sillones de piel marrones, una pequeña mesa central y una chimenea. De frente un modesto baño, no tenía muchos lujos, pero tenía todo lo necesario. A mano derecha una puerta corredera de madera que daba entrada a la habitación, las paredes y los techos del mismo material, y tres enormes camas.
− ¡Esto es el paraíso! − Gritó Vanesa, a la vez que se deshacía de su maleta, y se tiraba sobre la cama central − Yo me pido esta.
− Mírala ella siempre igual, no deja que las demás elijamos − Protestó Olivia.
− ¿Cuál es tu problema? − Repuso Vanesa.
− ¡Chicas por favor, no empecéis! − Intervine tratando de poner paz − Hemos venido a pasarlo bien no a discutir.
− Tienes razón − Respondieron las dos a la vez.
− ¡Venga! pongámonos los bikinis que tengo ganas de estrenarlo y vayamos a la playa.
− Sí −respondí entusiasmada. 
Y acto seguido comenzamos las tres a rebuscar en nuestras maletas para prepararnos e ir a la playa. Yo me había traído para la ocasión un precioso trikini de color azul turquesa, que realzaba mi busto, y marcaba mi cintura, me puse un pareo del mismo tono en gasa, unas chanclas, y solté mi larga melena castaña. Mis amigas también estaban preparadas con unos bonitos bikinis.
− ¡Guau!  ¡Estas espectacular! − Me piropeó Vanesa.
− De aquí no nos vamos solteras − Intervino Olivia.
− No sé si solteras, pero a mí no me importaría pasar una noche con alguno de los maromos que se veían desde recepción, jugando al Vóleibol − Dije provocando las risas de mis amigas.
− ¡Que tía! Siempre pensando en lo mismo − Dijo Vanesa, mientras reía.
− No es pensar en lo mismo, pero esa alegría que se lleva el cuerpo − Contesté un poco ofendida.
Cogimos las bolsas con lo necesario para la playa y allá que nos fuimos. Me parecía fascinante el paisaje, las palmeras, esas sombrillas de paja, con mesa y tumbonas. Había lo que diríamos aquí, un chiringuito de playa donde poder tomar bebidas exóticas. Lo primero que hicimos es coger tres tumbonas con una de esas sombrillas que llamaban tanto mi atención, una vez acomodadas y colocados nuestros bártulos, nos dirigimos a cotillear que bebidas había, y poder pedir algo, para comenzar a celebrar el inicio de nuestras tan deseadas vacaciones. Con nuestros Ron Punch caribeños, hechos  a base de Ron Jamaica, zumo de piña, granadina y soda, en unas bonitas copas, con sombrillas y pajitas, nos fuimos a nuestro pequeño paraíso, y comenzamos a brindar.
− ¡Por estos quince días de lujo que vamos a pasar! − Dijo Olivia mientras brindábamos.
Después de brindar yo, me tumbé, mientras observaba a los chicos jugar, ¡Vaya cuerpos! musculados, sin un ápice de grasa, hacía tiempo que no veía chicos tan atractivos. Cuando quise darme cuentas mis amigas habían desaparecido, solo pude encontrar forzando algo la vista, sus diminutas cabezas, dentro de un inmenso mar. Así que al verme allí sola decidí unirme a ellas, fui lentamente andando hasta la orilla, cuando a lo lejos pude escuchar unos silbidos piropeándome. Sabía perfectamente que eran los chicos, pero hice caso omiso, y continué a lo mío.
Llegué nadando hasta donde estaban Vanesa y Olivia, y mientras charlábamos tranquilamente, y jugábamos con el agua, noté una especie de calambre muy doloroso en mi pierna derecha, el dolor era intenso, notaba como mi respiración comenzaba a entrecortarse, intenté nadar, pero no lo conseguí, me era imposible. Mis amigas se dieron cuenta  de que algo me estaba sucediendo, pero ya el resto de lo que pasó, está borrado en mi mente.
Lo primero que vi al abrir los ojos, fue a ese chico, de pelo corto y rubio, un cuerpo de escándalo, con su torso completamente fibroso, y sus musculosos brazos, sobre mí y separando sus labios de los míos.
− ¿Estoy en el cielo? − Pregunté, mientras comencé a escuchar risas por mi pregunta.
− No, para nada, solo he conseguido revivirte − me contestó, mientras me ofrecía su mano para ayudarme a incorporarme.
− ¡Oh Melisa! ¡Estás bien! − Gritaba Olivia mientras me abrazaba.
− Tranquilas sobrevivirá, solo ha sido una picadura de medusa − Dijo el ángel que me había salvado la vida sonriéndome.
En ese instante mi mirada y la suya se cruzaron, dejándome completamente perdida en sus preciosos ojos grises, acelerando mi pulso y haciéndome sentir la persona más especial del mundo, porque sus labios habían rozado los míos.
─ Será mejor que vayamos a que te vea el médico ─ Interrumpió mi momento mágico Vanesa ─ ¡Vamos! ─ Ordenó, mientras tiraba de mí, pero yo no conseguía apartar mi mirada de ese ángel.
Fuimos andando muy despacio hasta recepción, ya que hasta ese momento no había comenzado a sentir la  mezcla de dolor y escozor que tenía en mi pierna.
─ ¡Llevadme con mi ángel! ─ Les dije a mis amigas ─ con él no me dolía nada.
─ ¿Estás tonta o qué Melisa? ─ Me dijo Vanesa, mientras me miraba incrédula.
─ Yo creo que la picadura de la medusa no solo le ha afectado a la pierna, sino que también a la cabeza ─ intervino Olivia.
Cuando llegamos a recepción, mientras mis amigas se acercaron a preguntar a la chica que estaba detrás del mostrador, me dejaron sentada en una silla en el hall. Tenía unas ganas inmensas de arrancarme la piel de la pierna rascando, pero pude controlarme, cogí un folleto  informativo del hotel y lo usé de abanico, con ello conseguí aunque poco, calmar el escozor. Al instante vinieron mis amigas para ayudarme a ir a un cuarto cercano a la recepción, donde vimos un cartel bastante simple de madera, en el que ponía tallado a mano “Enfermería”
Me atendió un chico muy simpático, que a pesar de lo joven que era, ya tenía su carrera de medicina terminada, lo primero que hizo, fue ponerme un paño húmedo y limpiarme la picadura con suero fisiológico, después me aplicó una pomada con un  antihistamínico y me dio un calmante para el dolor. Me pidió que volviera a la mañana siguiente para realizar la cura de nuevo y ver cómo iba.
─ Bueno, y ahora ¿Qué hacemos? ─ Preguntó Olivia ─ se nos acabo la playa, Melisa no puede bañarse.
─ ¡Oh chicas! De verdad, no os preocupéis por mí, iros a la playa, yo os espero en el bungaló.
─ ¿De verdad no te importa quedarte sola un rato? ─ Preguntó Olivia.
─ En serio, iros, yo me quedo descansando un rato, para coger fuerzas para esta noche, que por cierto mirar lo que vi en folleto ─ Les enseñé que esa noche había una fiesta “Hawaiana”
─ ¡Qué pasada! Esta noche vamos, ¡venga Olivia vámonos! ─ Dijo Vanessa.
Y así hicieron ellas dos, se fueron a la playa y yo a mi ritmo,  puse rumbo al bungaló. Lo primero que hice al llegar, fue cambiarme de ropa, me puse un pantalón corto y una camiseta de tirantes, cogí un libro romántico, una botella de zumo de la mini nevera que había en el salón  y me senté en la terraza.  Estaba totalmente inmersa en la historia de los protagonistas de la novela, tanto, que era totalmente inconsciente de todo lo que sucedía a mí alrededor, incluso de quien pasaba enfrente de mí hasta que me sobresaltó su voz.
─ ¡Hola Melisa! ¿Estás mejor? ─ Pegué un bote de la silla sobresaltada, al escucharle.
─  Hoo… Hola ─ Dije tímidamente ─ Sí, ya me vió el médico.
─ Me alegro mucho.
─ Por cierto…quería darte las gracias…no sé cómo agradecerte lo que has hecho por mí.
─ ¡Se me ocurre una forma! ─ Dijo efusivamente.
─ ¿Ah sí? ¿Cuál? ─ Pregunté sorprendida.
─¿Qué tal si en la fiesta de esta noche me invitas a una copa?
─ ¡Claro! Eso está hecho.
─ Estupendo, luego nos vemos ─ Dijo mientras comenzaba a andar y me decía adiós con la mano, no sin antes echarme un vistazo de arriba abajo.
¡No podía creerlo!, había vuelto a ver a ese ángel, que me había salvado la vida. Ese cuerpazo y esa mirada, hacían que me temblara hasta el alma, ¡qué pena haber estado inconsciente! Y no haber podido sentir como es debido sus labios. Intenté volver a la lectura de mi libro, pero me costó muchísimo volver a conseguir centrar mi atención, llegó un momento que leía y nos imaginaba a los dos. Estaba impaciente porque llegaran mis amigas y poder contar que le había vuelto a ver, así que al ver que no podía centrarme de ninguna manera, decidí ir a mi maleta a elegir la ropa que me pondría para la fiesta.
─ ¡Vamos rápido! Que no nos da tiempo ─ Gritaba Vanesa al entrar al bungaló.
─ ¿Qué pasa Vanesa? ─ Pregunté algo preocupada.
─ ¡Vamos! Ponte unas deportivas, que se nos va la excursión.
─ ¿Excursión?… ¿Qué excursión?
─ Te explicamos por el camino ─ Dijo Olivia, mientras dejaba su bañador tirado y optaba por un pantalón corto y una camiseta.
Así que no pregunté más y me puse unas deportivas, y las seguí hasta la entrada del Hotel donde había un autobús esperando, y la mitad de los clientes del Hotel, eché un vistazo para ver si conseguía verle, pero no fue así, lo cual me hizo sentir que si me estrujasen el corazón.
─ ¡Chicas! Pero…¿llegaremos para el baile? ─ mi voz expresaba preocupación.
─ ¡Sí! Tranquila ─ me dijo Olivia.
Olivia era una chica perfeccionista, de piel muy blanca y pecosa, pelirroja de nacimiento, lo que le había traído grandes complejos, pero ella era fuerte, y había conseguido aceptarse tal y como es, y en cuanto alguna se sentía mal enseguida estaba dispuesta a ayudar, quizá porque ella entendía bien lo que era sufrir. Vanesa por su parte era cascarrabias y eso que era la que más ligaba de las tres,  tiene un cuerpo espectacular, y unos ojos de gata, verdes que hipnotizan a todos los hombres.
Una vez subimos al autobús y estábamos sentadas, ya no podía aguantar más la intriga de dónde íbamos, así que decidí preguntar de nuevo, quizá alguna se dignaría a explicármelo ya. 
─ ¿Me podéis informar de donde vamos? Si no es mucha molestia, claro.
─ Vamos a ver las ruinas de Chichen- Itzá ─ Dijo Vanesa.
─ ¿El qué? ─ Pregunté, sintiendo mucho mi incultura pero no sabía de que me hablaban.
─ Son unas ruinas arqueológicas, que fueron declaradas por la Unesco, una de las siete maravillas, era de la civilización maya-tolteca, y dicen que la pirámide de Kulkukán es una maravilla ─ me explicó Olivia.
Tardamos como media hora aproximadamente en llegar, lo primero que hicimos nada más bajar del autobús fue ir a un restaurante que había en la entrada a por botellas de agua, ya que hacía un calor seco que ahogaba. Una vez preparadas con la bebida nos reunimos de nuevo todo el grupo y  vino un guía para comenzar a explicarnos todas las maravillas que teníamos ante nuestros ojos. Lo primero que nos dijo es que la visita duraría aproximadamente dos horas. ¡Perfecto así llegaremos a la fiesta! ─ Pensé ─.
Nuestro recorrido empezó visitando la pirámide principal, que como bien me había explicado Olivia era la de kulkukán, nos explicó el guía que según la época del año y la posición del sol se podía ver en el lado izquierdo de la pirámide un juego de sombras simulando una serpiente que desciende por ella, cosa que me dejo completamente alucinada, tenía que ser digno de ver. También nos comentó que era un centro ceremonial de los antiguos mayas, donde realizaban ritos. Nos enseñó un estadio de juego, y  nos contó que antiguamente en el  jugaban con un balón de cuero muy duro, y solamente lo podían tocar con el costado del cuerpo, exactamente con la cadera, ¡Que difícil! ─ Pensé ─ y aquí venía lo mejor el ganador tenía el honor de morir y el perdedor vivía con la vergüenza, por lo visto este juego se celebraba cada 50 años.
Lo cierto es que me encantó la excursión, me pareció increíble, y muy recomendable, ver cómo vivían y como era la cultura maya hace años, a parte que la pirámide era una pasada, dentro de ella había, una especie de laguna de piedra donde había agua helada,  por lo visto se llaman Cenotes, son naturales y los mayas los utilizaban para sus rituales.
Una vez terminada la visita, pusimos rumbo al hotel de nuevo, iba dando cabezadas en el autobús, me encontraba cansadísima, la visita había terminado de agotarme, aunque el viaje había merecido la pena,  no sé cómo, pero tenía que sacar ganas de donde fuera, me moría de ganas de ver a mi ángel de nuevo, saber su nombre, de dónde era, a que se dedicaba, quería saber todo de él. Nada más llegar al bungaló nos tiramos en la cama, necesitábamos descansar las piernas aunque fuera cinco minutos, todas menos Olivia, que se fue a duchar.
─ ¡Estoy agotada! ─ Dijo Vanesa, mientras se descalzaba.
─ ¡Oye! No vale echarse atrás que te conozco y tenemos que ir a la fiesta.
─ Pues yo no creo que vaya, lo siento Melisa, pero estoy muy cansada, tenemos más días para las fiestas.
─ ¡Eres una egoísta! ─ Grité muy enfadada ─ ¡Estoy cansada de que todo tenga que ser como quieres tú!
─ A mi no me chilles ¿Vale? ─ Me increpó Vanesa.
─ ¿Alguna me explica que está pasando? ─ Dijo Olivia, que salía del baño con la toalla puesta y el pelo enjabonado al escuchar nuestra discusión.
─ Que Vanesa es una egoísta, eso pasa, no quiere ir a la fiesta, está muy cansada y yo he tenido que ir a la excursión.
─ Vanesa, ¿por qué no transiges un poco?, no cuesta nada ceder, y así todas hacemos algo que nos guste ─ Intentó poner paz Olivia.
─No voy a ir, que vaya si quiere. ¡Y punto! No tengo nada más que decir ─ dijo dándonos la espalda.
Yo me salí fuera de la habitación dando un portazo y me senté en la terraza llorando desconsoladamente, estaba cansada de mi amiga, siempre había sido igual de egoísta, nunca cambiaría, se notaba demasiado que era hija única, y  estaba acostumbrada a salirse con la suya. En ese instante la detestaba con todas mis fuerzas. Me propuse a mi misma no hablarla en todas las vacaciones. Cuando conseguí serenarme, me quedé observando desde la terraza como jugaba una familia en la playa con sus pequeños, no tendrían más de cuatro y seis años, hicieron que por un instante volviera a mi niñez, cuando iba con mis padres de vacaciones, ¡qué tiempos! Sin preocupaciones, donde todavía existía en nuestra vida la inocencia, ¿Por qué tanta prisa en crecer cuando somos pequeños? ─ pensé ─. De repente noté una mano en mi hombro y me giré, era Olivia, tenía puesto un vestido largo en blanco con flores.
─ ¡Vamos arréglate! Que nos vamos tú y yo a la fiesta ─ Me habló en un tono maternal.
─ No te preocupes Olivia, imagino que tú estarás cansada también.
─ Pues no te voy a negar que estoy cansada, pero también quiero ir contigo a esa fiesta.
─ De verdad no te preocupes ─ Insistí.
─ ¡Vamos!
Me sonó a orden ese último ¡Vamos!  inmediatamente me fui a dar una ducha y vestirme. Me puse un espectacular vestido ibicenco que compré en nuestras vacaciones del año anterior y  me solté el pelo, poniendo una simple cinta de color blanco. Olivia, me esperaba fuera, cuando pasé por el lado de Vanesa, ni siquiera  dije que nos íbamos ni me despedí, seguía muy dolida con ella a pesar de que Oli había conseguido hacerme sentir un poco mejor.
Nos costó un poco encontrar el lugar de la fiesta, ya que estaba justo en la playa, alejado de los bungalós, quizá para que los clientes que no quisieran asistir no se sintieran incómodos con el ruido.  Habían preparado un arco decorado con flores, por el que debíamos acceder, a cada lado del arco había una persona, en uno de los lados un chico que nos ponía coronas de flores a las mujeres en el pelo y en el otro una chica que ponía collares a los hombres.
En la parte central mesas perfectamente decoradas para la ocasión y en uno de los laterales el más alejado de la orilla del mar, varías mesas decoradas de colores muy llamativos, cada mesa tenía su función en el gran buffet, en una por ejemplo había todo tipo de frutas exóticas, y en otra bebidas y vasos.
Olivia y yo echamos un vistazo y nos fuimos a coger una mesa, ya que había más gente de la que habíamos pensado y si no nos dábamos prisa nos quedaríamos sin sitio. Hacíamos turnos para ir a recoger las cosas del buffet. Pero no conseguía encontrar a mi ángel, por ningún lado. ¡Igual era pronto! ─ Pensé al principio─ Pero según iba avanzando la noche y no encontraba ni rastro de él, comencé a ahogar mi desilusión en el alcohol. 
─ Melisa, no crees que es momento de parar de beber ─ Me dijo Olivia algo preocupada.
─ Nooo, para nada, ¡que continúe la fiesta! ─ Dije dando un trago más a mi mojito.
─ Creo que tu ángel, te ha dado plantón, será mejor, que nos vayamos a descansar.
─ Oh no Olivia, un poquito más por favor ─ le pedí.
─ ¡Está bien! Pero en media hora nos vamos,  y con la condición de que no bebas más.
Cogí mi mojito y a Olivia, y se puede decir que la arrastré hasta la pista de baile, no quería que se siguiera aburriendo y me hiciera ir a dormir, lo que menos necesitaba era meterme en la cama y ponerme a dar vueltas a porqué no había aparecido mi ángel.  Comencé a hacer el tonto en la pista, ya no era yo la dueña de mi cuerpo, sino que el alcohol era quien guiaba mis movimientos, y aunque en parte si era consciente de que era el objeto de todas las miradas me daba igual, solo quería olvidar.  Olivia me dijo que necesitaba ir al baño y yo me puse a intentar bailar el Hula tal y como nos explicaba la chica que estaba dando la clase, pero en un movimiento del brazo hacia la derecha, justo la mano en la que tenía el vaso, pude notar como golpeaba a alguien con tanta fuerza que se rompió el vaso en mi mano.
Me quedé paralizada un instante sin saber cómo reaccionar, me daba miedo darme la vuelta, pero debía disculparme, así que hice un esfuerzo con los ojos medio entornados esperando escuchar gritos de respuesta, y lo que me encontré solo me dejó pronunciar un grito. Vi que había partido la ceja, a la persona a la que había dado y encima me había cortado yo la mano, manchando mi precioso vestido blanco de sangre. No podía ver su cara porque se encontraba agachado hacia delante para que la sangre no le entrara en el ojo.
─ ¡Lo siento, lo siento! De verdad no sé si podrá perdonarme. No sabía que había alguien a mi lado, de verdad, no era mi intención hacerle daño ─ Empecé a relatar como un papagayo.
─ ¡Joder Melisa! Yo te salvo la vida y tú me quieres matar.
No podía entender lo que estaba escuchando, me agaché despacio y con miedo y pude ver que ¡Era él! ¡Mi ángel!
─ Lo siento mucho, déjame que te acompañe a la enfermería seguro que tiene solución.
─ No, si solución tiene, lo que no sé es si dejarte que me acompañes por si quieres rematarme por el camino.
─ ¡No digas tonterías!
─ ¡Ah! Melisa, ¿Pero qué has hecho? ─ Dijo Olivia que venía del baño.
─ Nada Olivia, todo está bajo control, voy a llevarle a la enfermería, ¡Vete a descansar! Después te veo.
─ ¿Estás segura? ¿No quieres que os acompañe?
─ No de verdad Olivia, te lo agradezco.
─ Bien, te espero despierta y por favor que te mire el médico la mano.
─ Sí, si -- dije mientras nos alejábamos.
Cogí una servilleta y se la puse en la ceja para cortar la sangre o por lo menos intentarlo, mientras llegábamos a la enfermería. Cuando llegamos el médico no estaba, tuvieron que ir a avisarle, así que nos tocó esperar.
─ ¿Te encuentras bien? ¿No te mareas ni nada? ─ Le pregunté muy angustiada.
─ Si, no es nada, tranquila. ¿Y tu mano?
─ Bien, apenas me duele ─ Contesté mientras agachaba la mirada, y comenzaba a llorar.
─ ¡Ey! ¿Por qué lloras? ─ Me preguntó mientras me agarraba de la barbilla y levantaba mi cara.
No pude contestarle, simplemente me quedé mirándole, pero lo cierto es que lloraba porque me sentía fatal, las dos veces que le veía y las dos veces tenía un accidente, solo que esta vez también le había dañado a él, y lo mejor es que seguía siendo amable conmigo.
─ ¡Venga anímate! No me gusta verte así ─ Me dijo mientras me limpiaba la lágrima.
─ ¿Por qué eres tan amable conmigo? Si acabo de lesionarte.

─ Porque no todos los días se encuentra una sirena en el mar ─ Dijo mientras acercaba su boca a la mía y nos fundíamos en un tierno beso, que me hizo temblar de arriba abajo. 

9 comentarios:

  1. Me encantaaaaaaaaa!!!!!!!! Esta genialllllllllll!!!!!! Siguelo pronto que quiero saber mas!!!!! Besitos amoreee

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  2. Yo te lo voy a decir con dos palabras: QUIERO MÁS!!!! JAJAJAJA eres una crack y eres la reina de la intriga romántica!! me encantas!!!

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  3. Que buena eres tocaya espero saber más de esta historia (Que te parece un libro). Un besote

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  4. ¡¡¡La semana que viene subo nuevo capitulo chicas!!!

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  5. buena historia para animar el verano ¡bravo Lorena!

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